Entiendo, que a primero de
año es el momento ideal para dejar a un lado, aunque solo sea por un día, la
crítica política, e instalarnos momentáneamente en el “buenismo”, dedicándonos
por un día a decirle a los políticos que es lo que en realidad quiere la
ciudadanía.
Todos somos conscientes de
la crisis política actual, por primera vez estamos ante la posibilidad de que
se puedan repetir las elecciones generales ante la imposibilidad de sacar
adelante la investidura de alguno de los candidatos. A la vez, en Cataluña,
ocurre lo mismo, aunque muchos pensamos que la CUP al final propiciará la
investidura de Artur Mas, algo que además, avivaría el fuego de la hoguera de
la crisis política española.
Estoy seguro, que la gran
mayoría de los españoles, independientemente de su forma de pensar, coincidimos
en muchas cosas. A casi todos nos gustaría tener un Gobierno estable que
cumpliera e hiciera cumplir la legalidad, que garantizara sin titubeos la
integridad de nuestro territorio nacional y esa soberanía que recae en todos
nosotros, un Gobierno que garantizara la
seguridad jurídica para que todo aquel que tuviera previsto invertir en nuestro
país, lo hiciese, y así se crearan los puestos de trabajo que tanto
necesitamos.
Un Gobierno, que de verdad
se preocupara por los que peor lo pasan, y que llevara a cabo políticas
encaminadas a que los más desfavorecidos vivan dignamente.
Un Gobierno que hiciera
posible las grandes reformas pendientes, esas que garanticen la igualdad entre
los españoles, vivan en la comunidad que vivan, sobre todo en el disfrute de los
servicios básicos esenciales.
Un Gobierno, que de verdad
legisle para combatir la corrupción y para devolverle al Poder Judicial su
independencia.
Llegado a este punto,
desperté de mi sueño y dudé en hacer públicas estas líneas, pensé, lo mismo me
toman por imbécil.
