Cuando es evidente que la
ciudadanía tiene interiorizada la necesidad acuciante de contar con un Gobierno
lo antes posible, los partidos políticos y sus líderes siguen en la dinámica de
que es lo que les interesa a ellos.
Ahora nos dice Rajoy que
acepta del Rey el “encargo” de formar Gobierno, cuando lo que debería ser es
que acepta el “mandato” de someterse a la investidura. Todo parece indicar que
ese encargo puede no significar nada, pues Rajoy no acudiría a la investidura
si previamente no cuenta con los apoyos necesarios para salir airoso.
Por su parte, Pedro
Sánchez, sabedor de que si Rajoy fuese investido significaría el inminente fin
de su carrera política, pues sería defenestrado de la secretaría general en un
cuarto de hora, parece tener claro que su única salvación “personal” es la de
mantener el bloque político “crónico” actual, seguir con sus contactos con
Unidos Podemos, y resto de fauna separatista y proetarra, y soñar con la
presidencia, algo que no ha negado en sus sucesivas comparecencias ante los medios. Mientras
tanto, el Comité Federal del PSOE, ese órgano que le negó dicha posibilidad,
está esperando acontecimientos.
Albert Rivera sigue
instalado en las ocurrencias, ahora dice que votaría sí al PP siempre y cuando
el candidato fuese otro, e insiste en abstenerse.
Pablo Iglesias se dedica a
presionar al PSOE y a decirle que solo tiene dos opciones, o propicia la
investidura de Rajoy, o con ellos y toda la fauna antiespañola.
Lo cierto es, que los
ciudadanos españoles asistimos perplejos a un derroche sin precedentes de
irresponsabilidad de los líderes políticos de los cuatro partidos más votados.
Todos nos dicen que no
quieren unas nuevas elecciones, pero con su actitud trabajan sin descanso para
que se hagan una realidad.
