Nuestro mercado de trabajo
no se consolida, sigue siendo demasiado estacional, y vinculado principalmente,
a todo lo relacionado con el turismo.

Acaban de conocerse los
datos del empleo en el mes de abril, casi el 40% del empleo que se creó en ese
mes fue en el sector de la hostelería, y como es lógico, en su mayoría
contratos temporales, solo el 5% de carácter indefinido.

Nuestro país continua con
un número de parados inasumible, aún por encima de los cuatro millones, y muy
preocupante también resulta, que la afiliación media a la Seguridad Social siga
por debajo de los 17,5 millones de cotizantes, lejos, muy lejos, de aquellos
más de 20 millones de antes del comienzo de la crisis.

En el empleo de nuestro país,
predomina lo precario y lo temporal, y a la vez, los trabajadores bien
remunerados que se jubilan, o no son sustituidos, o con su nomina se contrata a
tres nuevos empleados mal pagados y dispuestos a trabajar las horas extras que
hagan falta, sin cobrarlas, y encima muy agradecidos a su empresa por haber
tenido la suerte de trabajar.

En las grandes empresas,
los trabajadores con mucha antigüedad lo tienen muy difícil para llegar a los
65 años en sus puestos de trabajo, ahora lo que están de moda son las
prejubilaciones pactadas, ya que estas no manchan la imagen de las empresas lo
mismo que si optaran por Regulaciones de Empleo masivas.

Al final, los que trabajan,
cada vez ganan menos dinero, como consecuencia, disminuye el desempleo pero no
aumenta en casi nada la recaudación. Es decir, los que trabajan tienen un nivel
adquisitivo mucho menor que sus iguales de hace dos décadas, y como
consecuencia, su capacidad de gasto es muy limitada, lo que repercute en casi
todo, pues a la economía de un país lo que le viene bien es que su gente tenga
dinero en el bolsillo para gastar. Desgraciadamente, este no es el caso, ahora
hasta se puede ser pobre trabajando, cobrando salarios de hambre y soportando
unas condiciones laborales más propias de otras épocas.

Queda patente, que los
derechos laborales conseguidos tras décadas, se pueden perder en un abrir y
cerrar de ojos con la coartada e una gran crisis. Crisis que desconozco si fue
provocada como pregonan los “conspiranoicos”, pero que desde luego, a muchos empresarios
sin escrúpulos les ha venido muy bien.

Un comentario en «La España de los camareros.»

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