Echándole
una ojeada al informe que publica semestralmente el Ministerio de
Hacienda y Administraciones Públicas, nos damos cuenta de que el
mensaje que lanza continuamente la Junta de Andalucía referente a
que su prioridad es el empleo, la educación y la sanidad, es una
absoluta mentira.
La
continua cantinela que entonan al unísono, tanto los dirigentes del
PSOE como los de Izquierda Unida, se muestra como falsa con solo leer
los datos oficiales.
La
Junta de Andalucía ha prescindido en el último año de casi 17.000
trabajadores, sobre todo en Educación, Sanidad y Empleo, aunque
también en Justicia. Lo que ha hecho, que uno de cada tres empleados
públicos que perdieron su trabajo en la totalidad de las CCAA, sea
andaluz.
Si
a esto sumamos, que las plazas por jubilaciones o excedencias no se
cubren, podemos afirmar que Andalucía ha sufrido una bajada
importante en la calidad de los principales servicios básicos que
reciben los ciudadanos andaluces.
El
gobierno social-comunista andaluz ha preferido prescindir de personal
necesario y diría yo imprescindible, buenos profesionales, y por el
contrario, se empeña en mantener en sus puestos a todos los
prescindibles, esa legión de enchufados por los dos partidos que nos
gobiernan, que ubicados en las diferentes Consejerías o en las
empresas públicas, suponen una pesada losa para la recuperación
económica de esta tierra.
Peor
Sanidad, peor Educación, peor Justicia y mas desempleo, pero que a
los suyos no los toquen. Y lo mas curioso es, que pese a esto, y pese
a la corrupción institucionalizada que existe en el seno de la
administración andaluza, según los últimos sondeos electorales,
los que gobiernan en la actualidad Andalucía volverían a obtener la
confianza de los ciudadanos, algo incomprensible, pues votar a
corruptos y malos gestores supone hacerte cómplice de ellos.