La legislatura que está protagonizando Pedro Sánchez debería llevarnos como país a legislar en lo referente a qué margen se les deja a los políticos candidatos a la hora de cumplir o incumplir sus promesas electorales una vez llegan al poder.
No se puede permitir, que Sánchez haya incumplido la casi totalidad de las promesas electorales que le hizo a los españoles en la campaña electoral de las últimas elecciones generales, y no han sido solo incumplimientos, pues en este caso, nuestro actual presidente ha hecho todo lo que dijo que no haría.
Si no se toman medidas al respecto, el mensaje que le llega a la ciudadanía española es muy simple, mentir y estafarnos en una campaña electoral, no solo sale gratis, es que además se acepta como estrategia normal de conducta, y eso es muy grave.
Pedro Sánchez, dijo en 2019 que con EH Bildu no se pactaría nada, y ahora, es su socio estable. También en 2019 afirmó que si formara un gobierno de coalición con Podemos “no dormiría tranquilo por las noches” y actualmente preside dicho gobierno. En ese mismo año, se comprometió a traer a España a Carles Puigdemont para que rindiese cuentas, y hoy en día, sin el apoyo del golpista huido, su partido y sus socios, no duraría ni un cuarto de hora en La Moncloa.
Y lo más grave de todo, también en 2019, Sánchez rechazó la posibilidad de indultar a los golpistas afirmando que “El acatamiento de la sentencia significa su íntegro cumplimiento”, y hoy se emperra en indultarlos pese a que dos de cada tres afiliados o votantes socialistas están en contra de tal medida. Cuando echemos a Sánchez vía urnas, España estará mucho peor, pero el PSOE estará roto.