Este pasado viernes, la
dictadura venezolana sentenció a catorce años de cárcel a Leopoldo López, el
líder político más valorado de Venezuela, según todas las encuestas, y por
supuesto, el preso político más emblemático del chavismo.
Nicolás Maduro, en su afán
de silenciar a todo el que piensa distinto, ha utilizado a la Fiscalía, al
Tribunal Supremo, al Ejecutivo y a la Asamblea Nacional, para perpetrar esta
monumental injusticia. La cúpula que gobierna Venezuela, persigue, tortura,
encarcela y amenaza a todo aquel que combate por la libertad y, por los
derechos y las libertades ciudadanas.
Es evidente, que en
Venezuela debe producirse un cambio profundo que expulse del poder a quienes
llevan ya demasiado tiempo violando los derechos humanos y su propia
Constitución, un cambio que ponga en libertad a los 78 presos políticos
encarcelados.
El 6 de diciembre, se
celebran unas elecciones que en condiciones normales, significarían el fin del
régimen chavista, pues la ciudadanía venezolana está harta de la dictadura, lo
que sucede, es que estas elecciones se van a celebrar sin las mínimas garantías
exigibles, y se da por hecho, que Nicolás Maduro perpetrará un gran pucherazo.
No podemos olvidar, que
Venezuela es un país rico en recursos naturales y con grandes reservas de petróleo,
un país calamitosamente gestionado, con una población que sufre un absoluto
desabastecimiento y unos índices de
criminalidad que hace que salir a la calle constituya un peligro. El número de
asesinatos anuales está en 30.000, es decir, 80 asesinatos diarios.
Con esta realidad, Maduro
no puede convencer a nadie de que la mayoría de los venezolanos sigue confiando
en él.
