Hace pocos meses, cuando
UPYD pasaba por sus peores momentos, víctima de errores propios y de la campaña
de acoso ejercida por aquellos que ostentan el poder político y financiero en
nuestra sociedad, aquellos que no le perdonaban que les hubiese metido el dedo
en el ojo combatiendo a sus corruptos, algunas personas me habían dicho que el
sindicato Manos Limpias había tomado el relevo de UPYD en lo referente a la
lucha contra la corrupción, tratando de paso de obviar las propuestas y
soluciones únicas que ofrece el partido magenta para solucionar todos los
problemas y crisis que atenazan a España.
La detención de la cúpula
del sindicato Manos Limpias, una organización que presuntamente había nacido
para defender los intereses de los ciudadanos ante los poderosos, deja al
descubierto al supuesto sustituto/fraude y demuestra que se trataba de una
simple banda criminal que practicaba la extorsión y el chantaje en los procesos
legales ¿Cómo iban estos elementos a sustituir a UPYD en la lucha por la
limpieza de la vida pública?
Ante la falta de resultados
electorales en las últimas citas, y la consiguiente bajada de ingresos, UPYD
tiene muy difícil en estos momentos mantener su actividad judicial contra los
golfos de este país, pero su exitosa “refundación” augura, que en poco tiempo
pueda, desde la honestidad de siempre, seguir prestando grandes servicios a
nuestra sociedad, en ese campo y en todos los demás.
Y digo, en todos los demás,
porque UPYD puede mostrar una hoja
extraordinaria de servicios políticos en beneficio de la sociedad a la que
representa: fueron quienes primero pidieron la indispensable reforma de la
Constitución Española para que la Educación sea competencia del Estado, quienes
explicaron que defender la unidad de España y la igualdad de los ciudadanos es
una idea profundamente progresista, quienes alzaron la voz incluso en Navarra y
en el País Vasco contra los privilegios fiscales navarros y vascos, quienes
demostraron la necesidad de reformar el insostenible e inviable Estado
autonómico, quienes repitieron hasta la saciedad que España sufría no sólo una
crisis económica, sino además, una crisis institucional y política de enormes
proporciones, quienes hablaron y actuaron en pro de la regeneración
democrática, quienes insistieron en señalar la injusta ley electoral que había
que modificar para garantizar que el voto de cada ciudadano valiese lo mismo
independientemente del lugar donde se emita, quienes denunciaron la
colonización de la Justicia por parte de los viejos partidos políticos y la
necesidad de garantizar su independencia, quienes reclamaron sin medias
verdades ni disimulos la necesidad de conformar un Estado verdaderamente laico,
quienes denunciaron la politización y, por ello, el latrocinio de las cajas de
ahorro, quienes se enfrentaron al terrorismo de ETA y quienes se enfrentaron,
también, con argumentos a la lacra de los nacionalismos. Conviene recordar este
bagaje ahora que han decidido renovarse y seguir adelante para continuar la
batalla política.
Conociendo esto, los
ciudadanos son libres de optar por seguir dándole su confianza a los podridos
partidos de la partitocracia que cuentan con el apoyo de quienes controlan el injusto sistema que
padecemos.
