La mayoría de los
ciudadanos no entienden, porque existe tanta resistencia en los viejos partidos
a renovarse internamente, cuando es evidente, que tanto el Partido Popular como
el PSOE, se encuentran en una situación que podemos calificarla de urgencia en
ese sentido.
Que las circunstancias
políticas han cambiado, casi nadie lo duda, pues ahora hay en la política
española nuevos protagonistas. Parece que las viejas maquinarias de esos
partidos ofrecen una resistencia a evolucionar, una resistencia que podría
condenarlos a medio plazo.
Es como si el bipartidismo
estuviera, ciego y sordo, ante lo que pasa en la sociedad, una sociedad que
evoluciona a un ritmo nunca antes visto en este país.
El bipartidismo está
controlado por una generación de políticos caducos que se niegan a jubilarse,
condición imprescindible para que sus organizaciones, al menos, tengan la
posibilidad de renovarse, y por lo tanto, de regenerarse.
En el PSOE todos esperan a
Susana Díaz, pero como ha amagado tanto y nunca ha dado, la espera empieza a
poner de los nervios a muchos, esos muchos que la ven como la única posibilidad
de rescatar a un partido que se encuentra a la deriva más absoluta.
En el Partido Popular, la
situación puede ser hasta peor, pues su presidente está completamente noqueado
y es incapaz de reaccionar ante una realidad que le supera. Rajoy no entiende
porqué los españoles no le están en perpetuo agradecimiento por haberles
salvado del rescate y de la ruina, aunque les haya fallado en casi todo lo
demás, inclusive a los suyos.
Es evidente que los
líderes, están rodeados de una “corte” o cúpula de privilegiados que saben que
su futuro va ligado al de ellos, y se resisten a perder lo que tienen, gente
que a su vez son los que les aconsejan y les hacen creer que siguen siendo muy
válidos, pues de ello dependen los privilegios, el poder y el nivel de vida de
esa parasitaria casta dirigente. Todo menos que el líder conozca la realidad.
