Sánchez, tenía pensado un
Plan A, el de la mejoría electoral, y le ha fallado, por eso, ayer hizo
efectivo su Plan B, un plan que tenía diseñado desde hacía mucho tiempo, pues
un acuerdo de gobierno de coalición no se improvisa en 48 horas.
Ese Plan B consiste en formar
un gobierno de coalición con Unidas Podemos, y a su líder, el comunista Pablo
Iglesias, hacerle vicepresidente del gobierno. Conviene recordar, que ayer
mismo, la sucursal de Iglesias en el Parlamento catalán sumó sus votos a los de
los partidos golpistas para sacar adelante una moción a favor de la
autodeterminación. Muy desesperado tiene que estar Sánchez para arriesgarse a
tener un gobierno comunista dentro del suyo, pero como lo único que le importa
es el poder, tragará lo que haga falta.
Aunque Sánchez pretende lo
imposible, sacar adelante su investidura sin los partidos separatistas, ERC y
PNV, ya le han dejado claro el precio que tiene que pagar para que le apoyen,
los golpistas catalanes exigen la creación de una mesa política para negociar como
llegarán a la independencia, y los vascos, se suben a la estela de sus iguales
catalanes y piden más cesiones para disfrutar de aún más autogobierno.
Lo que nos espera es
inquietante, cesiones a los separatistas, intervencionismo estatal,
empobrecimiento económico, pérdida de libertades, estigmatización de los
españoles que no son de izquierdas, revanchismo, adoctrinamiento sectario en
las escuelas y en los medios, sangría fiscal, festival de gasto público,
endeudamiento, desempleo disparado. Los ricos de fuera no invertirán aquí, y
los ricos de dentro se llevarán a otro sitio su pasta.
Y mientras tanto, Sánchez
mantiene secuestrado a nuestro Rey en Cuba, rodeado de malas compañías y
saliendo en las fotos junto a imágenes de criminales comunistas como el Che
Guevara.
Y los CDR cortando la
frontera con Francia mientras el Gobierno no da órdenes a la policía para que
intervengan en serio, no se vayan a cabrear los golpistas. De pena.
