Ahora le ha tocado a Panamá,
pero cada cierto tiempo estalla un escándalo sobre los paraísos fiscales y
sobre quien guarda allí su dinero, un dinero que independientemente de su
procedencia, lo que demuestra de forma palmaria es la falta de patriotismo de
su propietario.
Se estima, que la cuarta
parte de la riqueza mundial pasa por estos paraísos fiscales y sus sociedades
llamadas “offshore”. El objetivo de estas sociedades es servir para esconder el
verdadero titular del dinero o de los bienes que están circulando, una vez
blanqueados, por todo el mundo.
Demasiadas veces nos han
dicho los mandatarios mundiales que van a tomar medidas para acabar con estos
paraísos, pero con lo de Panamá, la ciudadanía de los distintos países se ha
dado cuenta de que si muchos de esos dirigentes aparecen en esas listas como
implicados, difícilmente acabaran con un instrumento que les sirve a la
perfección.
Si un ciudadano se lleva
dinero procedente del delito a un paraíso fiscal es doblemente grave, pero si
siendo un dirigente de un país o un líder político, lo hace, aunque el dinero
no sea de procedencia ilegal, debe inhabilitarle para el resto de su vida, por
su falta de patriotismo, por haber demostrado su egoísmo al no mover su capital
en su país en beneficio de su economía. Si no creen en su país, cómo lo dirigen
o aspiran a dirigirlo.
Los años pasan, pero la
codicia sigue abanderando a los poderosos. Personas que no tendrían ninguna
necesidad, por su poder económico, ven como la avaricia y la insultante la
falta de solidaridad con sus compatriotas más desfavorecidos, les lleva a una
situación en donde su nombre puede quedar manchado para siempre.
Como vemos, la ideología
que priva entre las clases dirigentes es esa del “todo por la pasta”.
