Podemos mantiene un discurso
en el que exige la igualdad de trato de las mujeres con respecto a los hombres
a nivel general, e incide en él al referirse a la igualdad en el ámbito
salarial “a igual trabajo, igual salario” independientemente de que se sea
hombre o mujer. Un discurso que sostenemos todos aquellos que creemos en la
justa igualdad entre hombres y mujeres.
Pero el problema llega cuando
se investiga a Podemos cuando actúa de empresario, y se observa que no aplica a
sus empleados su tan cacareada igualdad.
De los 105 trabajadores
adscritos al Consejo Ciudadano Estatal, máximo órgano de dirección del partido
morado, 68 son mujeres, pero perciben un salario bruto anual de 28.309 euros,
frente a los 29.138 de los varones. El líder de Podemos, Pablo Iglesias, ya ha
negado que haya discriminación salarial por género en su organización, pero
“verde y con asas”. Algo que no nos extraña, Podemos es un partido que ya ha
sido desenmascarado en múltiples ocasiones.
Y si hablamos de qué tipo de
contratos ofrecen, es lamentable, contratos precarios a media jornada:
administrativa por 380 € al mes, ‘peón’ por 175 euros al mes. Podemos, como
patrón es un auténtico “negrero”, mucho criticar y ellos son aún peores.
Recordemos, que Podemos acusa
a otros partidos de financiarse ilegalmente olvidando que él mismo ha sido
financiado por regímenes totalitarios, por dinero manchado de sangre, por
potencias extranjeras, que por una parte tienen a su pueblo sin comida y sin
medicinas, y sobre todo sin libertad, y que por otra, ahorcan a los
homosexuales en grúas o lapidan a las adulteras. ¿Alguien cree que Podemos
puede reprocharle algo a otro partido con la mochila de sangre y de corrupción
que arrastra?
Pero no nos podemos asustar
ya de nada referente a esta banda, Podemos en un partido donde al que disiente
se le purga, donde o estas con el líder máximo o no tienen futuro. Hasta el PCE
era bastante más democrático que ellos, ese histórico partido al que su último
líder, Alberto Garzón, vendió por treinta monedas a Pablo Iglesias, para así asegurarse
seguir él en el candelero.
