Que
el Partido Popular haga uso de la mayoría absoluta de que dispone
para impedir por todos los medios que Mariano Rajoy dé
explicaciones, es algo muy preocupante.
La
derecha española, parece olvidar, que los diputados de la oposición
son representantes de los ciudadanos, igual que ellos, y que en
nombre de muchos ciudadanos tienen derecho a hacerle las preguntas
que consideren oportunas. El veto a dar explicaciones por parte del
partido Popular es un gran desprecio al Parlamento, y sobre todo, a
la ciudadanía.
Los
argumentos que esgrimió el portavoz parlamentario popular, Alfonso
Alonso, para impedir la comparecencia del presidente del Gobierno,
pueden calificarse de bochornosas y esperpénticas. Acusar a toda la
oposición de actuar “como abogados defensores y padrinos de
Bárcenas” por el simple hecho de querer preguntar y exigir
respuestas, algo que es habitual y de obligado cumplimiento en
cualquier democracia que se precie de ello, da a entender, que hoy
por hoy, tanto el Gobierno como el partido que lo sustenta se
encuentran en pleno ataque de nervios y rozando la histeria.
Me
sorprendió que Alonso sobrepasase todas las lineas rojas y
calificara al ex tesorero como “un delincuente que ha hecho de la
mentira su modo de vida”. Que los ex socios de Bárcenas digan eso
en sede parlamentaria sin respetar la presunción de inocencia, choca
mucho si lo comparamos con el lenguaje exquisito que algunos
populares emplean con miembros del entorno de ETA.
Que
lejos queda aquel 2009 en donde el PP lanzaba comunicados defendiendo
la inocencia de Bárcenas y mostrándolo como un ejemplo de
profesionalidad y buen hacer. No podemos olvidar, que el PP de 2009
estaba dirigido por los mismos que el de ahora, y que entonces
presentaron la dimisión de Bárcenas como un ejemplo de lealtad
hacia el partido.
Resulta
patético comprobar los esfuerzos que hacen los populares para
transmitir la sensación de que están muy tranquilos, cuando sus
modales en el Parlamento demuestran todo lo contrario.
Muchos
ciudadanos españoles tienen la sensación de que, si Bárcenas
dijera todo lo que sabe en sede judicial, podría hasta hacer caer al
Gobierno, por ello, la actual actitud de Rajoy y los suyos refuerzan
esa sospecha. Si los que promueven esa llamada Ley de Transparencia
actúan así, mejor apaga y vámonos.
En algo estoy de acuerdo pero no me cuadra que quienes tienen tanto más porque callar, pidan explicaciones a los demás de lo que ellos, no quieren no oír hablar no digo que no cumplan con su obligación que no es otra que el pueblo se entere de lo que ocurre pero eso si que sepa todo no solo lo que interese o no a cada partido eso no es democracia eso es oscurantismo, corrupción e intereses muy particulares en el sentido de ida y vuelta ,"de lo tuyo quiero saberlo todo pero de lo mío ni nombrarlo"…..