Cuando un Pedro Sánchez
acorralado se sacó de la chistera lo de que se consultaría a la militancia el
acuerdo al que se llegara con otras fuerzas políticas para intentar conseguir
su investidura como presidente del gobierno de España, lo hizo simplemente,
para intentar zafarse del control y de las líneas rojas que le marcaba su
Comité Federal.
Ahora, cuando ha llegado el
momento de realizar esa consulta interna, empezamos a darnos cuenta de que todo
es una gran estafa. La pregunta que hoy se somete a esos casi 200.000
militantes es tan genérica, que se ha convertido en un plebiscito para reforzar
a su líder. Un conocido socialista ya la ha calificado como de “insulto a la
inteligencia”.
Ese texto dice “El PSOE ha
alcanzado y propuesto acuerdos con distintas fuerzas políticas para apoyar la
investidura de Pedro Sánchez. ¿Respaldas estos acuerdos para confirmar un
gobierno progresista y reformista? Vamos, una auténtica tomadura de pelo. Ni
los militantes pueden dar su opinión sobre el contenido de esos acuerdos, ni
pueden decir con quien les gusta que se llegue a un acuerdo o con quien les
disgusta.
Desconozco que porcentaje
de esos casi 200.000 militantes van a querer ejercer hoy su derecho a voto,
pero viendo en lo que ha convertido la consulta Pedro Sánchez y su camarilla,
mucho me temo que la participación, si no se cocina, va a ser escasa.
Que en este país se sigan
permitiendo este tipo de comportamientos, más propios de trileros, a quienes
pretenden gobernarnos, nos da una idea del nivel democrático que predomina
entre la ciudadanía.
