Si para algo ha servido la
jornada esperpéntica de ayer, ha sido para corroborar el farsante que lleva
dentro Puigdemont. Una persona, que a la vez que era aclamado por la turba
separatista, estaba negociando con Mariano Rajoy la convocatoria de elecciones
autonómicas, estaba intentando conseguir, sobre todo, la inmunidad judicial
para él y para sus colaboradores, a cambio de traicionar a las masas que él
había amamantado.
Pero Mariano Rajoy era
consciente, que aceptar lo que le pedía el caudillo sedicioso, significaría su
tumba política, y afortunadamente, rechazó el chantaje.
Debido a las filtraciones,
la masa separatista que se concentraba frente a la Generalidad, pasó en poco
tiempo, de vitorear a su caudillo, a decir “Puigdemont traidor”, y a
continuación a jalearle, de auténtica locura. Puigdemont es un político
desquiciado instalado en el delirio, incapaz de entender lo que realmente
ocurre, y esa realidad, hasta algunos de los suyos empiezan a comprenderla.
Mientras eso sucedía en
Barcelona, el Senado seguía trabajando, y se constataba, que uno de los tres
socios, el PSOE, iba a obstaculizar la aplicación del 155 en todo lo que
pudiera. Intentando que se acepten enmiendas de adicción al texto previo
acordado, enmiendas destinadas a impedir que se pueda aplicar lo pactado de
forma estricta y contundente.
Cuando la lógica nos dice,
que el Art. 155 debe aplicarse de una manera contundente, y durante todo el
tiempo que sea necesario, para que se intervengan todos los organismos
imprescindibles para garantizar que se cumpla la ley, el PSOE pretende que se
aplique de forma modulada y acorde con las circunstancias que vayan surgiendo,
además de que no se intervengan los criminales y tóxicos, medios de
comunicación públicos catalanes encabezados por la repugnante TV3.
Ahora ya solo cabe,
desmontar todo el andamiaje separatista, empezando por destituir, a Puigdemont y a todo su gobierno, para a
continuación, llevarlos ante los tribunales para que respondan de todos los graves
delitos perpetrados por ellos.
Ya es hora de abandonar, el
buenista y estéril discurso, de realizar cantos al diálogo, pues los que tienen
la obligación de cumplir y hacer cumplir las leyes, jamás pueden acordar nada
con quienes sistemáticamente las incumplen.
Hoy, de nuevo, Paralmento
catalán y Senado, protagonizarán una sesión histórica, una de las más oscuras
de nuestra historia, donde unos aprobarán el Art. 155, y otros seguirán
realizando votaciones para conseguir imaginarias aspiraciones propias del “país
de los gnomos”. Eso sí, según lo que se vote, Puigdemont puede ser detenido de
inmediato por rebelión, delito que conlleva penas de hasta 30 años. Él sabrá lo
que hace.
Tarradellas dijo hace
mucho, que en política se puede hacer todo menos el ridículo, si estuviese esta
tarde en el Senado y pudiera votar, seguro que diría si al 155, no tengo la más
mínima duda.
