Escuchar
a Mariano Rajoy ante la prensa, tratando de justificar lo realizado
por su Gobierno en este 2012, me ha resultado sorprendente. Eso de
que ha hecho lo que tenía que hacer y de que no tenía otra
alternativa, no se lo cree absolutamente nadie.
El
Partido Popular consiguió que, en las últimas elecciones generales,
que la mayoría de los ciudadanos le dieran su confianza, unos meses
después se puede afirmar que les ha fallado, ya que ha incumplido la
gran mayoría de sus promesas electorales, unas promesas que le
dieron la victoria, por lo que podemos afirmar que ese claro triunfo
se ha convertido en una gran estafa democrática.
Prometió
que crearía empleo y bajo su mandato ha crecido en medio millón;
prometió que bajaría los impuestos y los ha subido; prometió que
mantendría el poder adquisitivo de las pensiones y no lo ha hecho;
prometió que reformaría la justicia para devolverle su
independencia y ha hecho todo lo contrario; prometió que combatiría
el fraude fiscal e hizo una amnistía fiscal; prometió adelgazar lo
innecesario del Estado y no ha sido capaz; prometió llevar a cabo
una política antiterrorista digna y ha hecho seguidismo del plan de
ruta diseñado por Zapaterro; Rajoy ha batido todos los records en
cuanto a promesas incumplidas.
A
estas alturas, hasta podemos decir, que Rajoy da la impresión de que
no tiene claro ni siquiera el modelo de sociedad a la que aspira. Ha
realizado importantes recortes en los servicios sociales básicos,
pero en cambio no ha tocado el chiringuito que tienen montado los
partidos políticos y los sindicatos a nuestra costa. No ha tenido
dinero suficiente para nuestros ancianos, para nuestros desempleados,
para nuestros dependientes, y en cambio, si ha habido fondos para
esas entidades financieras quebradas por culpa de malos gestores
impuestos por los partidos políticos.
Es
lamentable que no se haya atrevido ni siquiera, a comenzar a meterle
mano a las grandes reformas que necesita España. El inviable Estado
elefantiásico que se encontró sigue exactamente igual, siguen las
duplicidades, la ineficacia y el derroche.
Con
Rajoy, la crisis económica continúa, la crisis política sigue ahí,
y la crisis nacional, con desafío independentista incluido. Lo que
sucede, es que muchos ciudadanos le comparan con su antecesor en la
presidencia y casi todos llegan a la misma conclusión, este es malo
pero el anterior era nefasto.
Rajoy
es un mal presidente, oirle manifestar su disposición a dialogar con
Artur Mas y afirmar que no se desviará de sus responsabilidades
constitucionales, produce nauseas, cuando todos sabemos que la
Constitución lleva sin estar vigente en Cataluña mucho tiempo, y
Rajoy, desde que accedió al poder no ha hecho absolutamente nada
contra los que no la cumplen, ni nada para que vuelva a ser respetada.
Así que Sr. Rajoy, a otro con ese cuento.
Es
evidente, que ni PP ni PSOE pueden ofrecerle a los ciudadanos el tipo
de sociedad que anhelan, ambos llevan demasiado tiempo mas
preocupados en defender sus privilegios que en defender los derechos
y aspiraciones de la ciudadanía.