Ayer pudimos ver todos, el tradicional balance anual que hizo Pedro Sánchez ante los medios de comunicación. Lo adelantó con respecto a otros años para así poder disfrutar de dos semanas completas de vacaciones y también, por qué no decirlo, para “pisar” el del Jefe del Estado, además de dedicarse a dar la impresión de que está por encima del bien y del mal y que no le afectan todos los escándalos que lo sitúan como el número uno de una mafia.
Pese a todo ello, la versión oficial insiste en que el presidente “está fuerte” y decidido a agotar la legislatura hasta 2027, aunque todos sabemos que está cada vez más aislado y con una desconfianza creciente hacia su entorno, es evidente que Sánchez concentra las decisiones y las toma con un círculo cada vez más reducido de personas.
Los que habitualmente hablamos con gente de izquierdas sabemos que se encuentran ante una difícil tesitura, esto es España y hay ciudadanos de izquierdas que jamás votarán a la derecha, como también ocurre, al contrario. Pero entre los votantes socialistas hay muchos que, al igual que los que no lo somos, no quieren que sus hijos sean okupas o vivan toda subida de una paguita estatal, quieren que sus hijos vivan en una sociedad donde tengan oportunidades, al menos, con el mismo nivel que ellos y hasta ellos se dan cuenta que los años de Sánchez han sido años perdidos y que no van en esa dirección.
Deben entender que, en las próximas elecciones, ya sean autonómicas o municipales, no se puede votar en función de quien sea el candidato, deben entender que todos ellos son hombres de Sánchez y que votándoles a ellos fortalecen al número uno, al capo. Votar PSOE es votar Sánchez, independientemente del candidato, es votar a un amoral sin ningún tipo de líneas rojas que ha hecho de la mentira su ideología.
Deben decidir si lo mejor es quedarse en casa, ya que al menos dormirían con la conciencia bastante más tranquila.
Es cuestión de tiempo. El castillo de naipes se derrumba poco a poco