Pedro Sánchez, no ha dudado a
la hora de manipular el proceso penal del Tribunal Supremo para intentar
reducir al máximo las penas de los golpistas, con tal de satisfacer a Quim
Torra y su banda, y así, conseguir el apoyo de los partidos separatistas
catalanes a sus Presupuestos Generales del Estado.
Con lo que no contaba
Sánchez, es con la reacción de Torra, pues si la táctica del apaciguamiento
nunca funcionó en el pasado, en el presente, cuando ya no queda nada que
cederles, es absurda. Aquí ya no hay dialogo posible, pues los separatistas ya
solo admiten que se les dé lo que piden, y eso es imposible. Ni Sánchez puede
conseguir, que los graves delitos cometidos queden impunes, ni por supuesto,
concederles un referéndum ilegal.
Sánchez, ha roto la unión de,
por una parte, las instituciones del Estado contra quienes dinamitarlo, y por
otra, la de los partidos constitucionalistas, que desde su posición combaten en
paralelo a las instituciones del Estado. Sánchez está subordinando la
legalidad, está poniendo en riesgo al propio Estado de Derecho, con tal de
sobrevivir indecentemente “okupando” La Moncloa.
Sánchez, no ha dudado en
arrastrar por el fango a la Abogacía del Estado, para hacer un gesto inútil a
los separatistas. Sánchez solo aporta inestabilidad en todos los ámbitos.
El que nos decía que los PGE
de Rajoy eran antisociales, parece que “se los va a comer con papas” y los va a
tener que prorrogar, parece que solo le queda ya gobernar por decreto. Si
tuviera este individuo un gramo de dignidad en todo su largo cuerpo, convocaría
elecciones y dejaría que los españoles se pronuncien.
