En España, los colegios públicos se preparan para ofrecer menús halal, pero continúan sin contemplar opciones específicas para los alumnos que desean seguir las tradiciones de la Cuaresma.
Los estudiantes de religión musulmana que cursan sus estudios en los centros públicos están de enhorabuena. El Gobierno, a través del ministro de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030, el comunista y anticatólico, Pablo Bustinduy, ha anunciado su intención de incorporar próximamente menús adaptados a las normas alimentarias del islam, una medida que responde al propósito de atender las demandas de una parte de la población inmigrante asentada en nuestro país.
El menú halal implica, entre otras condiciones, la eliminación completa del cerdo y la garantía de que el resto de las carnes provengan de animales sacrificados conforme al rito islámico. Según el Ejecutivo, este tipo de iniciativas buscan impulsar la diversidad cultural y fomentar la convivencia entre distintas comunidades religiosas. Sin embargo, en la práctica, acaban relegando costumbres propias de la tradición cristiana y católica profundamente arraigadas en la sociedad española.
Un claro ejemplo es la omisión del menú sin carne durante los viernes de Cuaresma. Las familias que desean mantener esta práctica no disponen, a día de hoy, de ninguna opción para solicitar que sus hijos se abstengan de consumir carne esos días. Los católicos no pedimos restricciones de animales ni exigencias rituales en el sacrificio; simplemente reivindicamos la posibilidad de respetar nuestras convicciones sin que ello suponga una dificultad ni para los centros educativos ni para las administraciones públicas.
Si el discurso político gira en torno a la inclusión, el respeto y la convivencia, los católicos debemos reclamar coherencia, pues todas las religiones deben contar con el mismo reconocimiento, también la católica, que forma parte de la identidad y la historia de España. Debemos exigir que se incorpore en los menús escolares una alternativa adaptada a los alumnos católicos durante la Cuaresma.
Este año, el Ramadán y la Cuaresma comenzaron simultáneamente. Sin embargo, mientras el gobierno ha difundido numerosos mensajes públicos sobre el inicio del mes sagrado musulmán, incluso a través de sus cuentas oficiales en RRSS, no ha habido mención alguna a este tiempo de reflexión y penitencia que viven cada año millones de católicos españoles.
Se habla de integración, de diversidad y de respeto a las minorías, pero se margina la fe mayoritaria, invisibilizando costumbres que durante siglos han formado parte esencial de nuestra cultura.
Cuando lo normal y razonable sería que quien llega se adapte a la cultura y costumbres del país que les acoge, es decir, que se integre, aquí ocurre todo lo contrario, los que llegan, muchos de ellos de manera ilegal violentando nuestras fronteras, exigen imponer aquí sus costumbres y lo más triste, tanto quienes nos desgobiernan desde La Moncloa, como el PP en las CCAA donde gobierna, no solo alientan la invasión de quienes proceden de culturas incompatibles con la nuestra, es que además, son colaboracionistas con los hostiles y no solo acceden a sus peticiones, sino que están encantados con arrinconar nuestras costumbres. Es evidente que nuestra civilización está en peligro y quienes gobiernan España y Europa, no mueven un solo dedo para evitar que nuestra sociedad se dirija hacia ese futuro distópico que ya se puede entrever.
Mano dura, paso largo y mala leche se merecen estas personas que imponen una cultura diferente a la nuestra
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