Empiezo reconociendo mi
admiración por la excelente trayectoria futbolística de Sergio Ramos, y lo
digo, para que nadie pueda ver en mi reflexión ningún tipo de animadversión
hacia Sergio, pero no me parece normal que se permita que la boda de un
futbolista paralice el centro histórico de una ciudad como Sevilla, y lo más
grave, que se apropie durante horas de la Catedral.
Lo mismo, los economicistas
del ayuntamiento y de la Iglesia, consideran que, en este caso, el fin
justifica los medios, y nos hablarán de eso tan socorrido que es cuantificar el
impacto económico en la ciudad, pero en esta vida no todo es el dinero, ya que
también hay que valorar los problemas que le causa a la gente de a pie,
principalmente a quienes trabajan en el sector turístico.
Nos dicen que el blindaje de
seguridad correrá a cargo de una empresa privada contratada por la pareja, pero
el gran dispositivo de policía local y nacional necesario, lo pagamos todos
nosotros.
Demasiados trabajadores se
han visto afectados en sus jornadas laborales, y me refiero a los guías
turísticos, sobre todo, y trabajadores de la hostelería de la zona, y a
demasiados les costará el dinero, sobre todo, a los de los coches de caballos,
que ven como se les ha expulsado de su base habitual.
Que esto ocurriera cuando se
casó la Infanta, puedo hasta admitirlo, por el carácter institucional del
enlace, pero en este caso no. Un futbolista, por mucho dinero que tenga, no
puede apropiarse de una Catedral ni del centro histórico de una gran ciudad
como Sevilla.

Estás claro, pero también hay que decir que Sevilla como ciudad también ha salido reforzada a nivel internacional.