Sería injusto culpar a toda
la juventud de lo que está ocurriendo en relación con la pandemia, pero lo que
si es cierto, es que una parte importante de ella está ayudando bastante, a que
lo que posiblemente tenía que llegar en otoño o antes, ya lo tengamos encima,
pues casi todos los rebrotes que salpican la casi totalidad del territorio
nacional, tienen su origen en actitudes irresponsables de jóvenes incapaces de
renunciar temporalmente a su ocio para ayudar a la sociedad a superar la
pandemia.
Evidentemente, no es toda la
juventud, pero si lo es un porcentaje importante de ella, la que está
demostrando una falta de civismo alarmante, fruto sin duda del desastre de
Educación que reciben, donde las palabras, disciplina y sacrificio, han sido
sustituidas por toda una serie de vocablos impuestos por la izquierda, que
pretenden decir mucho, pero que, si hurgas en ellos, son blufs, y en casos como
este queda demostrado.
Lo he visto con mis propios
ojos, un paseo marítimo de una playa gaditana con ocho accesos a la playa, en
cuatro de ellos ponía “solo entrada” y en los otros cuatro “solo salida”, pues
bien, la mitad de los bañistas se pasaban por el forro esas indicaciones, entre
ellos, la mayoría de los jóvenes. Y qué decir de los encuentros entre amigos,
esa efusividad, esos besos, esos abrazos, nuestros chicos parecen incapaces de
contener sus afectos. Parecen no pensar en que por una auténtica chorrada pueden
contagiar y hasta matar a sus padres o abuelos.
En momentos como los que
vivimos, es cuando harían más falta que nunca, esos valores que les
transmitieron a nuestros padres y abuelos, esos que ahora se empeñan en
convencernos de que son propios de carcas o de fachas. Así nos va.
