Los taxistas parecen querer
imitar la estrategia que ya utilizaron los controladores aéreos en su
conflicto, y creo que habría que recordarles, que los controladores perdieron, su ventaja es, que este Gobierno no es aquel.
Cualquier gremio tiene derecho a la huelga para reivindicar lo que considere
justo, pero no a chantajear a toda la sociedad amenazándola con colapsar las
ciudades y llevando a cabo acciones violentas indiscriminadas.
Es evidente, que los VTC
(Cabify y Uber), hacen la competencia a los taxis, y cada mes, más usuarios se
pasan, optan por un servicio de mucha más calidad que encima les cuesta más
barato. La sensación generalizada es que los VTC son el futuro, y que el taxi,
o evoluciona o muere.
Pretender legislar contra la
liberalización de un mercado, es claramente ir contra corriente y contra la
legitima competencia. Lo ideal sería, que taxis y VTC, pudieran convivir
pacíficamente en las calles mediante una regulación objetiva que ponga orden en
el sector. Todo parece indicar, que este Gobierno va a ser incapaz de hacerlo,
y da muestras de ello pretendiendo pasarle el marrón a las CCAA, cuando lo
aconsejable es, que el sector se rija por una norma nacional, y que como ocurre
con otros temas, esto no sea una jungla.
Los taxistas exigen que se cumpla
la ratio de 1 VTC por cada 30 taxis, ya hay muchos más, y lo que se legisle
ahora nunca podrá ser retroactivo, pues conllevaría denuncias y a la
administración correspondiente le costaría muy caro, un pastón.
Los taxistas amenazan con
bloquearlo todo, algo intolerable, y la debilidad de este Gobierno le
incapacita para dar solución al conflicto. Los taxistas quieren que sea
competencia de los ayuntamientos para así tener al alcalde de turno “acogotado”
perennemente.
Los taxistas dicen luchar por
sus familias, pero los de los VTC también tienen familias y nadie les protege
de las agresiones que sufren incluso con clientes a bordo. Derecho a la huelga
si, abusos y violencia, nunca.
