Lo que le ocurrió ayer al
juez Llarena, magistrado del Tribunal Supremo que instruye la causa que
mantiene en prisión preventiva a algunos de los líderes independentistas que
intentaron dar un golpe de Estado en 2017, es la prueba que constata, que el
Estado de Derecho está ausente de Cataluña.
Pablo Llarena y su mujer,
cenaron en un restaurante de la localidad gerundense de Mont-ras, un pueblo
cercano a Palafrugell, en compañía de una quincena de personas. Por lo visto,
alguien lo reconoció y avisó de inmediato a los de la kaleborroka catalana, a
los terroristas de los CDR, quienes de inmediato se movilizaron y se
presentaron en la puerta del establecimiento.
A la salida de la cena, el
juez Llarena, tuvo que soportar en presencia de su mujer y resto de amigos,
insultos y hasta golpes en su vehículo, por lo que sus escoltas incluso
tuvieron que poner la sirena. Lo que ocurrió anoche es gravísimo, estamos ante
un acoso inadmisible al juez que instruye un caso de suma importancia para
nuestra Nación.
Si a alguien que va protegido
le sucede esto, imaginad lo que tendrán que sufrir cada día, esa mayoría, esos
millones de catalanes, españoles y no independentistas, que ven como el Estado
ni les ampara, ni les garantiza sus derechos y libertades constitucionales más
elementales.
Hemos pasado, del gobierno
del cobarde Rajoy, al gobierno del rehén Sánchez, con ambos gobiernos, la
mayoría no independentista de ciudadanos de Cataluña, se sienten absolutamente
abandonados por el Estado.
