Todos los líderes coinciden
en sus declaraciones públicas en que nuestro país no puede seguir sin Gobierno,
pero todos ellos nos demuestran día a día que hacen, muy poco o nada, para que
ese Gobierno se materialice.
Desgraciadamente, nos
siguen mintiendo cada vez que abren la boca, desgraciadamente, solo se mueven
por intereses personales o de partido.
Ahora me doy cuenta, que la
mayor parte de mi vida he sido un ingenuo de esos que pensaban que la mayor
satisfacción de alguien que se decidía a entrar en política era la de ser
consciente que, con sus acciones y sus decisiones, había contribuido al
bienestar general, al bien común. Evidentemente, eso ha degenerado enormemente
y lo que priva son los líderes políticos sin escrúpulos, los líderes que
tenemos.
Mariano Rajoy continúa
diciendo, que si no tiene apoyos suficientes no se presentará a la investidura,
decisión que podría considerarse hasta comprensible, pues la izquierda y el
aprendiz de progre, utilizarían esa investidura fallida para, a modo de
emboscada, atizarle y desgastar al líder popular.
Pedro Sánchez está
desaparecido en combate, aunque envía tuits enigmáticos que demuestran que lo
que le pide el cuerpo es formar ese Frente Popular vetado por su Comité
Federal.
Albert Rivera se ha situado
permanentemente entre la ocurrencia y la contradicción, es consciente que con
sus escaños pinta muy poco e intenta chupar cámara en cuanto tiene oportunidad.
Pablo Iglesias ha perdido
gran parte del protagonismo que tenía y solo se dedica a intentar apagar los
continuos incendios interiores provocados por las incompatibilidades existentes
en esa sopa de siglas que es Unidos Podemos.
Y mientras tanto, los
españoles vemos perplejos lo que ocurre sin entender a que juegan estos tíos.
