Tras el apagón tercermundista de hace pocos días, ahora nos ha tocado sufrir un colapso ferroviario. Un supuesto robo de cable en cuatro puntos de la vía del AVE que pasa por Toledo dejó a más de 10.700 pasajeros atrapados y 30 trenes afectados.
Este tipo de robos vienen produciéndose en España desde hace más de una década, principalmente por el alto precio del cobre y la gran demanda de ese metal en la China comunista, cuyas importaciones de cobre desde España se alimentan, en parte, de los robos de los cables de las catenarias por parte de mafias que reclutan a delincuentes multireincidentes que debido a lo blandito que es nuestro Código Penal a las pocas horas de haber sido detenidos están en la calle dispuestos a atender nuevos encargos.
En otros países europeos también roban cable, pero los distintos gobiernos se lo toman en serio y lo combaten, por el contrario, aquí, el gobierno de Sánchez está tan ocupado en llevar a cabo su letal agenda ideológica y en complacer a sus antiespañoles socios, desmantelando para ello buena parte de las bases de nuestro Estado de Derecho, que no le queda tiempo para ocuparse de problemas de este tipo, debe considerarlos poco importantes.
Pero no es solo los cables, es que robar en España sale muy barato para los ladrones, como lamentablemente comprueban a diario los habitantes y turistas en varias ciudades españolas. Los ladrones son detenidos y puestos en libertad en poco tiempo, sin llegar a entrar en prisión. Se ríen de nosotros gracias a una clase política que está más volcada en asuntos ideológicos que en solucionar los problemas reales de los españoles. No es un problema exclusivo de los socialistas, pues durante el gobierno de Mariano Rajoy el gobierno tampoco se tomó el problema en serio y no endureció el Código Penal.
Desde hace años, España tiene gobernantes que parecen despreciar lo que realmente nos importa a los ciudadanos. La mayoría de ellos, los que han hecho de la política su profesión, llevan una vida acomodada y segura en la que no sufren las situaciones que nos afectan a los ciudadanos de a pie. Mientras esto no cambie, mientras no les hagamos cambiar, España seguirá deslizándose por esta pendiente resbaladiza hacia el Tercer Mundo, con servicios públicos cada vez más deteriorados, con una inseguridad creciente y con políticos preocupados en gilipolleces de todo tipo.
Es evidente que, con el canalla de Sánchez, España cada vez funciona peor. Si con todo lo que está sucediendo, el Gobierno no fuera de izquierdas, los zurdos se habrían echado a la calle, pero desgraciadamente, los españoles de bien y de orden siguen sin darse cuenta de que, a día de hoy, esa es la única solución, tirarse a la calle y obligar al truhan a largarse de La Moncloa con el rabo entre las piernas, como se marchó de Paiporta.
Un hecho que muestra con claridad que tipo de individuos nos están gobernando. El ministro de Transportes, Oscar Puente, en lugar de solucionar los problemas ferroviarios, en esos momentos se dedicaba a postear señalamientos de críticos en X.
Nos vamos a convertir en Venezuela