Todo lo que le ha sucedido
en los últimos tiempos a UPyD, hace que se encuentre ante la mayor encrucijada
de su historia. El partido magenta ha pasado de ser, no hace demasiado tiempo,
el partido llamado a regenerar nuestro sistema y a convertirse en la tercera
alternativa, a estar a pocos centímetros del gran abismo de su desaparición,
gracias a los sucesivos desastres electorales.
Lo más cómodo sería, que
sus actuales dirigentes le echaran toda la culpa, y es verdad verdadera, al
acoso y derribo que han sufrido por parte de todos los poderes de nuestra
corrompida democracia, pero no se diría toda la verdad. También se han cometido
errores, al fin y al cabo, los políticos son vendedores de ideas, y teniendo
las mejores, los ciudadanos no han comprado su mensaje, por lo que la técnica
de ventas que han aplicado evidentemente no ha sido la correcta.
Andrés Herzog y todo su
equipo, se han esforzado al máximo, han dado todo lo que podían dar de sí, pero
no ha funcionado. Cuando se obtienen unos resultados tan malos, por cultura democrática, lo lógico sería
dimitir y dejar paso a otros, que con otras ideas y con la ilusión del que comienza un proyecto sean
capaz de refundar el partido y disuadir a los que tienen pensado abandonar un
barco que zozobra, que sigue habiendo futuro.
Tengo la mejor de las
opiniones de quienes han pilotado los destinos de UPyD estos últimos meses, solo
apelo a la conciencia de quienes dirigen UPyD, confiando en que mediten y no
ayuden con una postura equivocada a que el que otrora era un gran proyecto,
desaparezca.
Tengo la impresión de que
sí hay afiliados dispuestos a asumir la responsabilidad de intentar salvar a
UPyD. Por todo lo bueno que ha hecho UPyD por nuestra democracia durante sus
casi ya nueve años de vida, creo que merece la pena dejarles intentarlo.
