Las grabaciones del ex
comisario Villarejo, son la prueba definitiva de los niveles de podredumbre en
los que se ha instalado nuestra partitocracia, que no democracia. Eso que
llaman “clase política” lleva un tiempo “comiéndose las uñas” por si su nombre
sale a relucir en la nueva grabación que ponga en circulación este genuino
representante de eso que llaman “las cloacas del Estado”.
Llevamos varios años, en los
que todos los partidos nacionales sin excepción, se han hartado de pedir la
necesaria “regeneración”, pero me da la impresión, que su petición es fruto de
la moda existente, que ni por asomo piensan dejar de comportarse como
auténticos malvados que han olvidado para que se les ha elegido, y se dedican a
realizar actividades que rozan, si no sobrepasan, la línea de lo delictivo.
Por las grabaciones de
Villarejo, la ministra de Justicia, Dolores Delgado, debería haber sido cesada
hace tiempo, pero el PSOE y sus socios, comunistas, separatistas y filoetarras,
han permitido que siga en el cargo. En cambio, Mª Dolores de Cospedal, ha sido
obligada por su partido a dejar los cargos orgánicos que ostenta, y en
diferido, dejará su acta de diputada a fin de año. Reconozco que lo de Cospedal
es grave, pero para mí, lo de la ministra Delgado lo es igual o más, y en su
sillón sigue. Parece que a Pablo Casado le siguen faltando esas agallas, que
tampoco tenía Rajoy, para plantarse y decirle a Pedro Sánchez, “fulmino a los
míos, si tú lo haces con los tuyos”.
Hoy en una nueva cinta, el marido
de Cospedal asegura, que el jefe de su esposa estaba de acuerdo con todo, que
yo sepa, ese jefe es Mariano Rajoy. Parece que esto, continuará, pues un
mafioso tiene cogidos por los cataplines a demasiada gente, gente que por
supuesto no merecen estar en la política.
