Cientos de miles de personas
se han manifestado en Barcelona en contra del proceso separatista. El paseo de
Gracia se ha llenado de banderas nacionales, de banderas de España, de banderas
catalanas y europeas. El constitucionalismo le dice alto y claro a los
independentistas, que las calles no son suyas, y se lo dice menos de 24 horas
después de una nueva jornada de graves disturbios en el centro de Barcelona.
Cerca de 400.000 personas han
dado de fe de su españolidad manifestándose pese a los intentos de boicot,
presiones y amenazas de todo tipo.
Ha habido un ambiente festivo
y pacífico, a diferencia de las manifestaciones separatistas. La cabecera la
han presidido dirigentes de la entidad convocante, Sociedad Civil Catalana
(SCC). En segunda línea, por el PP, Pablo Casado y Cayetana Álvarez de Toledo,
por Cs, Albert Rivera e Inés Arrimadas, por el PSC-PSOE, Miquel
Iceta, Josep Borrell y José María Ábalos, y por Vox, Ignacio Garriga, pues tras
la no invitación inicial a Vox por parte de la colonizada SCC y tras la
rectificación posterior ante las presiones recibidas, los líderes nacionales de
Vox han optado por, apoyar la manifestación, pero enviando a un hombre de
segunda fila.
Todo mi respeto y admiración
por todos esos catalanes valientes que acudieron a la convocatoria de SCC, pero
permitidme que dude de las intenciones de unos convocantes colonizados por el
PSC-PSOE, por Iceta, por Sánchez, por los socios de los enemigos de los que se
manifestaban.
El día anterior, en la
madrileña Plaza de Colón, los de Abascal congregaron a 25.000 madrileños en
defensa de la unidad de España, a esos sí que no les albergaba ninguna duda
sobre las intenciones del convocante, de Vox.
