En estos tiempos, que se
hable de ETA y sus crímenes, resulta bastante incómodo para nuestros políticos,
síntoma claro de que en este asunto tienen casi todos mala conciencia. Por
ello, el colectivo de las víctimas del terrorismo, resulta bastante molesto, y
si por ellos fuera, lo harían invisible.
El Partido Popular tiene
mala conciencia porque en el programa electoral que le dio la mayoría absoluta
en las últimas generales se comprometió a ilegalizar y sacar de las
instituciones a las marcas blancas de ETA, y no lo ha hecho tras haber
conseguido el voto masivo de las víctimas, y el PSOE, porque desde que ZP llegó
al poder, ha dispensado un trato exquisito a los asesinos, a sus cómplices y al
mundo abertzale en general.
Ahora, la Fundación Luis
Portero, ha tomado la acertada decisión de solicitar a la Audiencia Nacional
que, con la legislación internacional en la mano, siete jefes de ETA respondan
por los 192 asesinatos sin resolver perpetrados entre 1977 y 1083, de los que
se desconocen sus autores, pero que si se sabe quién dio la orden de cometerlos
en una organización como ETA donde el mando, era y es, jerárquico y vertical.
La Fundación Luis Portero
se ha centrado en estos siete jefes terroristas porque consideran que ellos
eran los responsables de ETA cuando se perpetró el crimen que desencadenó su
denuncia por actos de genocidio y lesa humanidad.
PP y PSOE querrían que nos
invadiera la amnesia en todo lo relacionado con ETA. Sé que algunos dirán que
ETA ya no mata, que no conviene remover el tema, pero yo les diría, que ETA no
mata porque sin matar está consiguiendo uno a uno todos sus objetivos. Están en
las instituciones, atesoran mucho poder institucional, manejan grandes
presupuestos y hasta, últimamente, algún que otro partido, teóricamente
constitucionalista, llega a acuerdos con ellos para desalojar a su adversario
del poder. En estas circunstancias ¿Para qué van a matar, para que van a
mancharse las manos de sangre?
