Ese día se sabrá si la relación entre PP y Vox ha mejorado, pues ese día, se constituyen las Cortes de Castilla y León, y se conforma la Mesa de la Cámara. Alfonso Fernández Mañueco y Juan García-Gallardo, demostrarán entonces hasta qué punto PP y Vox son capaces de ponerse de acuerdo para gobernar con la vista puesta en las elecciones andaluzas y las generales.
La crisis interna del Partido Popular le da a Mañueco manos libres para negociar, lo que le obliga a tomar en solitario la decisión de si gobierna con Vox, pues ya no hay órdenes de Génova al respecto, ya que un Núñez Feijóo a la espera de liderar el partido, le deja a Mañueco tomar la decisión de pactar con Vox o de forzar repetición de elecciones. Y esto lo hace el gallego, a pesar de haber tildado recientemente de “populistas” a los de Abascal.
Si en la conformación de la Mesa de la Cámara, el PP y Vox, llegan a un acuerdo por el que ambos se hacen con la mayoría ocupando la presidencia, una vicepresidencia de las dos que tiene el órgano y dos de las tres secretarías, significará que hay acuerdo entre ambos y gobierno de coalición a posteriori, de no ocurrir eso, las nuevas elecciones estarían casi garantizadas.
Los de Abascal se mantienen firmes y reclaman tener lo mismo que tuvo Cs, «ni más ni menos», por respeto al partido y a sus votantes. Esto implica ocupar la presidencia del Parlamento autonómico. El partido reclama también la vicepresidencia del gobierno y consejerías, que podrían ser menos de las que tuvo Cs porque pedirán reducirlas.
Las líneas rojas de Vox pasan por la derogación de las leyes LGTBI y de Memoria Histórica, lo que será uno de los principales puntos de fricción entre ambos partidos para llegar a un acuerdo. De ello dependerá la relación que mantengan en el futuro a nivel nacional.