Tras la aplicación del Art.
155 se suponía, que el Gobierno de España tenía la obligación de garantizar que
en Cataluña se respetara el día de reflexión, y también se garantizara, que los
catalanes puedan votar hoy con total seguridad, sin que ningún energúmeno
separatista les amedrante, ni en las calles ni en los colegios electorales.
Todo ha empezado mal, pues
ayer, por una parte, TV3 hizo campaña en favor de ERC haciendo públicos sondeos
electorales en un día en el que estaba prohibido; Puigdemont no se cortó un
pelo y pidió el voto desde Bélgica; y lo más grave, a Inés Arrimadas, cuando
caminaba por una calle de su barrio en compañía de su esposo, se la intimidó,
se la coaccionó, y hasta le gritaron “cerda fascista”.
Como vemos, antes del 155
no estaba en vigor el Estado de Derecho en Cataluña, y después, tampoco.
Los partidos separatistas
han hecho trampa el día de reflexión, y hoy, en el día de la votación, es de
suponer que también las harán. De entrada, los partidos constitucionalistas,
pese a contar con la inestimable ayuda de Sociedad Civil Catalana, no van a
poder vigilar todas las mesas electorales, no van a disponer de un interventor
o apoderado en cada mesa.
El Ministerio del Interior,
tiene desplegados hoy a 17.000 agentes, aunque desconozco dentro de esa cifra
cuantos policías nacionales y guardias civiles hay, y cuantos “comanches”, es
decir, Mozos. Es de suponer, que hoy la chusma independentista no utilizará la
violencia abierta, más bien intentará intimidar y perseguirá el fraude
electoral.
Lo de ayer y lo de hoy, es
el resultado de una decisión equivocada de un presidente que jamás tuvo que
convocar unas elecciones con tanta premura sin desmontar antes el chiringuito
separatista. Y ahora, a esperar resultados y a ver que hacemos mañana con el
problema no resuelto.
