La secta nacionalista
catalana lleva décadas haciendo proselitismo instalada en la comodidad de saber
que nunca ninguno de los que se suponían estaban enfrente se atreverían a
desmontarles su chiringuito. Por ello, los catalanes que abducidos por esa
ficción han abrazado la fe nacionalista nunca aceptarán ningún argumento,
ninguna explicación racional encaminada a desmontar esos fantasiosos pilares en
los que se cimenta su fe.
La candidatura
independentista catalana le asegura a los pensionistas catalanes que nada
tienen que temer, pues según ellos, tras la proclamación de la independencia,
las finanzas de Cataluña irían “viento en popa”, atreviéndose incluso a
asegurar que las pensiones podrían subir un 10%, eso sí, no explican las
razones que justifiquen tan peregrina afirmación. Y dicen esto, cuando la
realidad es que en Cataluña se recaudaron cotizaciones sociales por valor de
14.500 millones de euros, y en cambio, se pagaron pensiones por valor de 20.000
millones. Teniendo en cuenta que Cataluña arrastra un enorme déficit y tiene su
deuda calificada como bono basura, lo que supone que los mercados solo le
prestarían dinero a un interés estratosférico, aun siendo un lego en materia
económica se entiende claramente que en lo económico la palabra independencia
va inexorablemente unida a la palabra desastre.
Independencia es ficción y
desastre, no lo digo yo, lo dicen las frías cifras. Por ello, estamos a 72
horas de ver, si son más los catalanes razonables que quieren reconducir a
Cataluña por la senda del sentido común, o son más los que optan por la locura,
por la mentira, y por la ficción que conducirá inexorablemente al más absoluto
choque de trenes, un choque en el que todos saldremos perdiendo.
Para Artur Mas y sus cómplices,
lo que está en juego es no ir a la cárcel por corruptos, vamos por ladrones,
como se ha dicho toda la vida, pero para el pueblo catalán está en juego su
futuro y el de sus hijos, sigo pensando que optarán por tener futuro y que los delincuentes,
los que han saqueado las arcas públicas catalanas paguen por sus delitos.
