Solo hay que preguntarle sobre ello a los ciudadanos, para darnos cuenta de la mala imagen que tienen nuestros dos sindicatos mayoritarios. Para entender esto tendríamos que retrotraernos a cuando un Gobierno de Felipe González promulgo en 1985 la Ley de Libertad Sindical, y desde ese momento se reconoció como sindicatos mayoritarios a UGT y CCOO laminando al resto de sindicatos de buen tamaño y que aspiraban a ser grandes. Solo los de colectivos muy específicos se libraron de esa laminación.
Podemos aseverar que la famosa Ley de Libertad Sindical acabó con la libertad sindical en España y le dio, a UGT y CCOO, un monopolio que aún mantiene, que ha sido muy beneficioso para ellos, pero que ha sido muy perjudicial para nuestra sociedad.
Hace años se decía que UGT y CCOO eran la correa de transmisión del PSOE y del PCE (ahora IU), y que por eso actuaban como actuaban.
Los sucesivos gobiernos socialistas les han ido dando dádivas y privilegios convirtiéndolos en descomunales estructuras de presupuestos enormes en donde los cargos sindicales van hasta con chófer.
Los sindicatos han manejado por el concepto de Cursos de Formación una enorme cantidad cercana a los mil millones de euros anuales, unos cursos que para muchos son un auténtico camelo.
Los ciudadanos se preguntan ¿Qué porcentaje del dinero de los cursos de formación pasa a engrosar la caja sindical? ¿Cómo y de qué forma se contrata a los profesores? ¿Cuánto y de qué manera se paga a los amiguetes y paniaguados? El ciudadano medio quiere saber el número de sedes de UGT y CCOO en toda España, cuántos son los empleados que pagan los sindicatos, cuantos los colaboradores, qué cuestan los incesantes viajes, el costo organizativo de las manifestaciones? La crisis económica, en fin, y las exigencias europeas han puesto en evidencia el gran negocio en el que se han convertido los sindicatos, alimentados por dinero público en el 90% de sus gastos. Las centrales sindicales, que deberían ser modelo de transparencia, ocultan la mayor parte de los datos que el ciudadano medio tiene derecho a conocer, entre otras razones porque los gastos sindicales se pagan con dinero de los impuestos que desangran a los contribuyentes.
Los sindicatos manejan miles de tarjetas de crédito, la mitad de ellas de crédito ilimitado, estas le permiten al sindicalista de turno gastar cuanto quiera, mientras que las otras tienen un tope diario de 600 euros. Los propios empleados de los sindicatos encargados del control de esas tarjetas manifiestan en privado que como empleados no pueden pedirle explicaciones a sus jefes, pero que el descontrol y la opacidad es total.
Yo me pregunto, hasta que punto la convocatoria de huelga del día 29 tiene algo que ver con que los sindicatos pueden perder el control sobre los cursos de formación tras las reformas acometidas por el gobierno.
Lo que si que es cierto es que con la crisis parece que ha llegado la hora de la luz y los taquigrafos para los sindicatos, algo imprescindible en una democracia plena. La ciudadanía está harta y quiere acabar con esos abusos. Debemos exigir la regeneración sindical.
Los sindicatos, y por supuesto también, los partidos políticos y la patronal, deberían financiarse única y exclusivamente con las cuotas de sus afiliados, si no ese así, al menos, se debería preguntar a los ciudadanos en su declaración de la renta si quieren destinar parte de los impuestos que pagan a esos menesteres, al igual que se hace con la Iglesia Católica.
Resulta bochornoso que unos sindicatos que han sido cómplices de los gobiernos socialistas y han avalado unas políticas que nos han llevado a la terrible situación económica que padecemos, convoquen ahora una huelga general, huelga que debemos recordar nos costará 400 millones de euros por cada 10% de participación. Alguien cree que en las circunstancia actuales nos lo podemos permitir.
Yo soy el primero en estar preocupado al observar que a nuestros gobernantes se les está pasando por la cabeza hacer recortes en servicios básicos (Sanidad, Educación, Asistencia Social) o instaurar el injusto copago. Yo soy el primero en estar preocupado ante la posibilidad de que los derechos que los trabajadores, esos derechos conseguidos tras décadas de lucha, se puedan perder. Yo que veo como no se quiere acabar con la corrupción brutal que existe, con el enorme fraude fiscal, con el despilfarro, con las duplicidades y entes inútiles, con los privilegios de los políticos. Está claro que los ricos, los que se han hecho ricos especulando los años de bonanza, esos no van a pagar la crisis. La vamos a pagar nosotros, los de siempre. No voy a estar preocupado.
Buen artículo.No pienso hacer huelga para hacerle el juego a los sindicatos.
Si el PSOE hubiera seguido gobernando…hubiera hecho recortes muy parecidos, porque la situación era insostenible…entonces qué reacción hubieran tenido los sindicatos?