Hace ya unos días que se publicó en el BOE, la Ley 20/2022, denominada como de «memoria democrática» cuando en realidad se trata de una clara revancha de quienes, gracias a Dios y nunca mejor dicho, fueron derrotados en nuestra Guerra Civil.
Se trata de una ley aprobada con el apoyo de socialistas y comunistas, de miembros del PSOE y del PCE, camaradas de quienes se vieron directamente implicados en crímenes de guerra durante la Guerra Civil Española. Por mucho que pretendan reescribir la historia para acomodarla a los postulados ideológicos de nuestro actual Gobierno, no lo van a conseguir.
Esa ley sectaria, que borra la parte de la historia que es incómoda para la izquierda, recuerda mucho a las leyes promovidas por el régimen de Putin para blanquear al régimen soviético y prohibir que se recuerden hechos como su alianza con los nazis para invadir Polonia en 1939. Tanto en España como en Rusia, la izquierda utiliza la ley para reescribir la historia y perseguir a los que no estén de acuerdo con su visión sesgada del pasado. Unas leyes que merecen ser calificadas, con toda la razón, como totalitarias.
A partir de ahora, se dirá que quienes vencieron al comunismo e impidieron que se implantara en España, eran lo peor de lo peor, y mientras tanto, intentaran “elevar a los altares rojos” a los esbirros de Stalin. Si ya era duro ver en nuestras ciudades calles dedicadas a criminales de guerra, como Santiago Carrillo o Dolores Ibarruri “La Pasionaria”, ahora tendremos que esperar a ver si Feijóo cuando llegue a la presidencia, no imita a Rajoy y por el contrario, revierte tanta ignominia.
Tenemos que transmitir a las nuevas generaciones de españoles esa historia verdadera que la izquierda ha manipulado y tergiversado mediante esta ley y décadas de intoxicación.
Ya antes de esa guerra, en octubre de 1934, socialistas y comunistas apoyaron un golpe de Estado contra un gobierno de centroderecha salido de unas elecciones democráticas, una rebelión armada en los que la izquierda golpista asesinó a 33 sacerdotes y religiosos y a 300 militares y miembros de las fuerzas del orden. Unos días antes del estallido de la Guerra Civil Española, socialistas del PSOE secuestraron y asesinaron a uno de los líderes de la oposición parlamentaria, el diputado derechista José Calvo Sotelo, hecho que provocó el inicio de la guerra.
Ya durante la Guerra Civil, los socialistas del PSOE y los comunistas del PCE se vieron implicados en crímenes tan horrendos como la masacre de Paracuellos del Jarama, perpetrada en la provincia de Madrid entre noviembre y diciembre de 1936 y en la que fueron asesinados unos 5.000 presos políticos, incluidos 50 niños. La represión desatada por la izquierda se ensañó especialmente con los católicos: fueron asesinados 13 obispos, 4.184 sacerdotes, 2.365 religiosos y 283 religiosas, muchas de éstas, además, violadas, además de numerosos seglares. Así mismo, durante la guerra miembros del PSOE y del PCE crearon centros de detención y tortura, conocidos como «Chekas» (por haber sido formados al estilo de la sanguinaria policía política bolchevique, ya que el bando izquierdista recibió el apoyo de la brutal dictadura de Stalin). Miles de personas fueron detenidas y llevadas a esas Chekas por motivos políticos y religiosos, incluyendo madres con bebés. Tanto los adultos como los niños que sobrevivieron a esas torturas sufrieron secuelas relacionadas con ellas durante toda su vida. Todo esto no puede caer en el olvido.