Nuca me he sentido más identificado con todas esas mujeres que allá por el siglo XIX luchaban por que las mujeres tuviesen derecho a voto, así como por todas esas mujeres que hace mucho se enfrentaron a la sociedad de la época pidiendo, igualdad de derechos y de trato, independientemente del sexo de la persona. Pero el feminismo auténtico tuvo un relativamente corto recorrido, pues en el momento en que el socialismo decidió que sumándose a él, que convirtiéndolo en la lucha de las mujeres contra los hombres, le sacaría rédito político y que esa bandera podría sustituir a esas otras que levantaba y que fracasaron estrepitosamente, ese feminismo que en principio solo quería la justa igualdad, se ha convertido en lo que es ahora, simple y llanamente, hembrismo, en “feminismo supremacista”, ese que pretende colectivizar a la mujer bajo un burka ideológico, algo tan reprobable como el machismo más recalcitrante.
Tanto la Ley de Violencia de Género, como ahora, la del “si es si”, lo que pretenden trasmitir, es que todo hombre, por el hecho de serlo, es un criminal en potencia, por ello, su objetivo es el de desactivar la “presunción de inocencia”, algo que supone legalizar la injusticia. Afortunadamente, cada vez más mujeres, tienen claro eso que le oí a una española en un medio hace bastante tiempo «No soy víctima por el hecho de ser mujer; el Estado no me tiene que proteger, ni dar ni quitar. Tengo los mismos derechos que el hombre por ser española».
Para más inri, este hembrismo disfrazado de feminismo, que defiende esos postulados totalitarios, se atreve incluso a adoctrinar a nuestros hijos en las aulas, algo que no podemos ni debemos consentir.
Mi reconocimiento a todas esas mujeres que con su esfuerzo han conseguido puestos de trabajo muy cualificados, esas que ahora ven que otras que se han esforzado mucho menos que ellas necesitan que el Estado les garantice su puesto de trabajo con cuotas.
En lo referente a la llamada ley del si es si, tengo una gran duda ¿como puede saber un juez si el consentimiento se ha dado o no? o como pretenden las feministas radicales, siempre tiene que creerse lo que diga ella. Sin pruebas, nadie debería de ser condenado. Alguien dijo que “es preferible que estén en la calle cien culpables, antes de que un inocente esté en la cárcel”.