Como era de esperar, el escándalo surgido al comprobar que los trenes encargados para cubrir los trayectos que unen Asturias con Cantabria no cabrían por los túneles, Sánchez y su banda, entre los que está la ministra correspondiente, pretenden acallarlo con dos ceses de cargos de segundo orden y falsarios, pues uno de ellos está a punto de jubilarse y el otro tenía el traslado concedido.
Renfe y Adif, simulan cesarlos y pretenden que todo quede zanjado, cuando un hecho de estas características, más propio del TBO que de los tiempos en los que vivimos, en cualquier país democrático y diría yo que hasta civilizado, hubieran rodado cabezas hasta de ministros, pero aquí nunca pasa nada, el retraso lo pagarán los usuarios de esos trenes, esos que viajan en trenes tercermundistas y el enorme sobrecoste lo pagaremos todos nosotros, esos callados y hasta amnésicos “borreguitos” en lo que se han convertido demasiados españolitos de a pie.
Este fin de semana saltó la polémica y la ministra de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana, Raquel Sánchez, ante el temor de que peligrara su cabeza, se buscó de inmediato “dos cabezas de turco” y anunció una auditoria.
Tenemos una clase política en la que casi nadie afronta sus responsabilidades, sufrimos a unos políticos que su interés primordial es conservar el cargo, el sueldo y los privilegios que conlleva. Eso del interés general les debe sonar muy extraño. En nuestro propio Gobierno, estamos viendo que entre el PSOE y Podemos, surgen continuos problemas, se producen declaraciones contrapuestas, pero que nunca se plantean romper la coalición, porque al final, como he dicho antes, los intereses personales son los que priman, el de Sánchez de mantenerse en La Moncloa hasta el último minuto de la legislatura, y el de esa manada podemita, que es consciente de que nunca se verán en otra como esta.
Una Nación como la nuestra, solo puede salir del agujero en el que la han metido, unos por acción y otros por omisión, cuando la gobierne un patriota que se rija únicamente por el bien común, por interés general, mientras no tengamos claro eso, no habrá solución.