Tras echar del poder a Pedro Sánchez, cosa que espero que suceda este próximo domingo, el gran obstáculo que tiene que superar la democracia española se llama, Cándido Conde-Pumpido, presidente del Tribunal Constitucional, un sectario y siniestro personaje que se ha atrevido a decir en presencia de varios magistrados y de letrados del gabinete técnico del tribunal que «Mientras yo sea presidente, Vox no ganará ningún recurso de amparo, ni estimaré ningún recurso de inconstitucionalidad. No hay que darles pábulo». Conde-Pumpido se convirtió en presidente del tribunal el pasado mes de enero.
No hace falta decir, que esa afirmación proferida por este individuo es una clara declaración pública de que va a prevaricar y que, por ello, el Estado debería tener algún instrumento para su destitución inmediata.
Conviene saber que la formación de Santiago Abascal ha sido una de las más activas durante la legislatura a la hora de presentar recursos de inconstitucionalidad contra leyes aprobadas por el Gobierno de Pedro Sánchez. Entre el medio centenar de recursos de inconstitucionalidad presentados por Vox en la presente legislatura se encuentran los relativos a la Ley Trans, la Ley de Memoria Democrática; la Ley del ‘sólo sí es sí’, la Ley de Igualdad de trato, la derogación del delito de Sedición y la rebaja de la malversación, o la nueva Ley del aborto.
Ni nuestra Justicia ni nuestra sociedad pueden permitirse el lujo de esperar a diciembre de 2025, fecha en la que tendrá lugar la renovación de este Tribunal.
Parece que Cándido Conde Pumpido y Alberto Núñez Feijóo comparten su aversión hacia Vox ¿alguien se cree que un Feijóo gobernando en solitario le cortaría la cabeza a este sectario? Pues como pasaría con todo, por eso es necesario el gobierno de coalición.
Y el garante de la prostitución manseando en tablas. España es diferente.