Ahora resulta, que todos esos que se negaban a vacunarse del Covid, que todos esos a los que los políticos y sus medios, tildaban de negacionistas e insolidarios, van a tener parte de razón, ya que la Comisión Europea, ha reconocido en un documento que casi 12.000 ciudadanos europeos fallecieron de manera “espontánea” tras recibir la vacuna contra el coronavirus desde el inicio de la vacunación hasta el pasado 30 de septiembre de 2023.
Lo ha confirmado la comisaria europea de Sanidad en su respuesta a un eurodiputado croata, quien le preguntó el pasado 29 de agosto por el número de personas afectadas por la vacunación ¿cuántos han muerto como consecuencia de recibir vacunas covid aprobadas desde que comenzó la administración de estos productos médicos? La respuesta no deja espacio para la duda “11.977 informes de sospechas de efectos secundarios con desenlace fatal informado para todas las vacunas covid-19 autorizadas”, según datos sacados de Agencia Europea de Medicamentos y su sistema EudraVigilance. Pero claro, para curarse en salud y nunca mejor dicho, la comisaria europea de Sanidad apostilló que “el hecho de que estos acontecimientos se hayan observado tras el uso del medicamento no significa que hayan sido causados por éste. Pueden haber sido causados por condiciones médicas subyacentes del individuo, por otros medicamentos tomados en paralelo o debido a eventos completamente diferentes”.
Sin embargo, la prestigiosa Universidad de Harvard, no opina lo mismo. Uno de sus últimos informes ha señalado que sólo se reportan un 1% de las reacciones adversas a la vacuna, por lo que esta cifra de la Comisión Europea es, con total seguridad, mucho más pequeña que la cifra real.
Mi opinión personal es que no se pueden meter en el mismo saco todas las vacunas, que el problema ha estado en las de ARNm, las más inoculadas por cierto, concretamente las de Pfizer. Personalmente me puse las dos primeras de AstraZeneca y no tuve ningún problema, en cambio, me puse la tercera de Pfizer y empecé a tener problemas musculares, evidentemente, no me puse ninguna más.
Parece claro que, ante la urgencia, todos los organismos internacionales “pasaron la mano” y se saltaron todos los plazos y todas las medidas de seguridad previstas, que las personas fuimos conejillos de indias por necesidad y que sabían que muchos morirían. Pero en este caso está muy claro que consideraron que “el fin justifica los medios” y que, pese a los daños colaterales, es decir, pese a los miles de muertos provocados por las vacunas, había que hacerlo.
Para terminar deciros que, por entonces, me metí en la web de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y leí con detenimiento que se consideraba una vacuna y evidentemente, las llamadas vacunas covid de ARNm, según la definición del propio organismo sanitario internacional, no lo eran.
Señor Magna Calva: En 1964 se hizo un experimento con cerdos para combatir la gripe porcina y, casualmente, con ARN mensajero, pero a los 40 cerdos muertos suspendido. Nada nuevo bajo el sol. En septiembre de 1967 se me ocurrió decirle al veterinario que inoculara gripe porcina a 20 cerdos en septiembre, cosa que hizo, pero ese año no apareció la gripe, sino la peste porcina que es mortal, con la curiosidad que los cerdos inoculados con la gripe no enfermaron y pensamos que sus defensas estaban a tope. En el 68 la mili y experimento suspendido, ya que falleció el administrador.