Durante la visita de Santiago Abascal a Argentina para asistir a la ceremonia de investidura de Javier Milei como presidente de ese país, el líder de Vox, concedió una entrevista al diario argentino Clarín. En ella, manifestó:
«Tenemos un gobierno que ha pactado con todos los enemigos de la unidad de España, con el separatismo, con el terrorismo. Ha introducido al comunismo en el Gobierno. Tiene ministros que no condenan los atentados terroristas de Hamás, que son lo más horripilante que hemos podido conocer en nuestro presente. Y un gobierno así tiene que ser calificado de una manera muy dura».
Abascal también denunció que «el Gobierno en España está aboliendo el Estado de Derecho, está suprimiendo el Poder Judicial, está asaltando la Constitución». Más adelante, en la misma entrevista, el presidente de Vox añadió: «Yo tengo unos principios. No puedo venderlos. Sánchez no tiene ninguno. Puede pisar las leyes, puede hacer cualquier cosa, puede poner en riesgo la unidad nacional. Eso le da una ventaja competitiva. Habrá un momento dado que el pueblo querrá colgarlo de los pies».
Y claro está, esa izquierda que siempre ha impuesto en España una doble vara de medir para sus acciones y para las acciones de los demás, ha aprovechado esa última frase en la que se hace mención, de cómo colgaron los partisanos comunistas al dictador Mussolini después de asesinarlo, para poner en funcionamiento toda su maquinaria mediática para arremeter contra Abascal y para “acojonar” al eterno acojonado de Feijóo, cosa que consiguieron de inmediato, pues el gallego se sumó del tirón a las tesis izquierdistas, cosa que hizo días después del reparto de cargos entre el PP, el PSOE y sus cómplices antiespañoles del Congreso, en pleno golpe socialista contra el Estado de Derecho.
Lo curioso de todo esto, es que la izquierda se escandaliza de lo dicho por Abascal y que suscribimos millones de españoles y en cambio, nada pasa cuando la izquierda no condena los crímenes más atroces. La misma izquierda que gobierna aliada con los simpatizantes de ETA, la misma izquierda que hace dos años se negó a condenar los crímenes del comunismo, llegando a afirmar que los comunistas son «luchadores por la libertad», expresión en la que coincidieron el PSOE y sus aliados ultraizquierdistas de ERC y del BNG.
Para darse cuenta de la doble vara de medir de la izquierda y sus medios sicarios solo basta con tirar de hemeroteca. En 2007, la ministra de Fomento, Magdalena Álvarez (del PSOE), se refirió a la entonces presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre (del PP), afirmando: «en el único sitio en la estación de la Terminal 4 en el que podía haber estado porque es de la Comunidad de Madrid es o tumbada en la vía o colgada en la catenaria». En vez de condenar sus palabras, el PP se limitó a decir que era «una broma de muy mal gusto». En 2014, la comunista Yolanda Díaz, hoy vicepresidenta del gobierno, lamentó no haber «cortado la cabeza, guillotinado a un rey», unas palabras referidas al entonces jefe del Estado, Juan Carlos I. En 2015, en un acto oficial, cargos electos y candidatos del PSOE de Alicante simularon haber guillotinado a Mariano Rajoy, entonces presidente del gobierno. En noviembre de 2018, un grupo de ultraizquierdistas intentó reventar un acto de Vox en Murcia con gritos como «Ortega Lara de vuelta al zulo» (en referencia al fundador de Vox que estuvo 532 días secuestrado por ETA), «machista muerto abono pa mi huerto», «Sin piernas y sin brazos, fascistas a pedazos» y «fascista pardillo tu boca en el bordillo». En abril de 2019, unos comunistas amenazaron de muerte al presidente de Vox en La Coruña con gritos de «Abascal a la guillotina», unos gritos proferidos a unos metros del recinto en el que Vox había organizado un acto público. En junio de 2020, en Mos (Pontevedra), matones de ultraizquierda amenazaron de muerte a Abascal y a otros miembros de Vox, amenazas lanzadas en presencia de la Guardia Civil sin que hubiese ninguna detención.
Nada de esto fue condenado por el PSOE, tenemos un Gobierno indecente que no tiene autoridad moral alguna para juzgar lo dicho por Abascal y a su vez, el PP, antes de condenar las palabras de Abascal, debería empezar por condenar las amenazas de muerte lanzadas por ultraizquierdistas contra Abascal en Galicia, unas amenazas ante las que Feijóo guardó silencio tal vez porque estaba empeñado en marcar distancias con Vox a cualquier precio mientras el hoy presidente del PP proponía una alianza con el PSOE. Conmigo no va eso de la amnesia que tanto afecta a los españoles.