Solo se puede calificar de escandaloso que el alcalde de Barcelona excluya el español en los carteles y comunicaciones oficiales, máxime cuando sí se incluyen el urdú o el árabe en detrimento del idioma materno de más de la mitad de los ciudadanos. Una muestra más de que nuestra maltrecha Constitución, de que el Estado de derecho, cada vez está menos vigente en muchas regiones de nuestro territorio nacional. Pronto, nuestra Carta Magna, pasará a estar “con respiración asistida”. Debe ser reformada, pero en el sentido contrario a lo que pretenden los canallas que ahora nos desgobiernan, algo imposible hoy por hoy, pues la mayoría cualificada necesaria no está la alcance de ninguno de los dos bloques. Los enemigos internos de España tienen un objetivo final claro, cargarse la Nación, la Constitución empieza a ser secundaria, pues sin Nación no hay Constitución. Alguno se escandalizó cuando jóvenes de grupos radicales gritaban a las puertas de las sedes del PSOE “Más Nación y menos Constitución”, pero en el fondo, puede que lleven hasta razón.
Pero en Cataluña pasan más cosas y muchas de ellas indignantes. La actual Cataluña es lo más parecido a la Alemania nazi. Una familia catalana ha tenido que recurrir a la Justicia ante el pisoteo de sus derechos por el separatismo, que se dedica a desobedecer sistemáticamente todas las sentencias judiciales que obligan a impartir al menos el 25% de las asignaturas en español, una lengua prohibida en los colegios catalanes, en los que el separatismo ha impuesto un modelo lingüístico aún más discriminatorio que el del Apartheid sudafricano que tanto escandalizó al mundo.
Esa familia, que tiene un niño de 5 años que está sufriendo una campaña de acoso a manos del separatismo. Hace unos días, un escritor separatista dijo que animaba a «ir a apedrear la casa de este niño” para que se vayan él y su familia fuera de Cataluña.
Ese intolerable mensaje y otros parecidos ya han dado lugar a una denuncia de Hablamos Español ante la Fiscalía y Vox también señaló que presentará denuncia. Curiosamente, la Fiscalía de delitos de odio no ha dicho ni pío. Debe ser que considera normal el acoso a un niño de 5 años por ser hispanohablante y reivindicar sus derechos en Cataluña.
El gobierno separatista catalán ha salido en apoyo de los que están acosando a ese niño. Un acoso financiado por los contribuyentes y promovido por unos políticos cuyo fanatismo ha llegado a tal extremo que ya se creen que su apestosa ideología supremacista está por encima de todo, incluso de los derechos y la dignidad de un niño pequeño.
Pero Pedro Sánchez y sus secuaces guardan silencio sobre este asunto. Sánchez aceptó depender de los separatistas para gobernar y ahora asume el precio a pagar para seguir en La Moncloa, que no es otro que el de callar ante sus atropellos, consentirlos e incluso apoyarlos. Los separatistas amenazan con seguir incumpliendo sentencias judiciales sobre el español y Sánchez calla. Los separatistas acosan a un niño de 5 años y a su familia, y Sánchez no dice ni pío. Le importa un bledo. Lo único que le importa es seguir en La Moncloa, y el precio del alquiler es ahora tolerar el acoso a un niño pequeño. Un nuevo hecho que retrata la inhumanidad y la falta de escrúpulos del actual presidente del gobierno. Este psicópata amoral no debería ocupar el sillón que ocupa, aunque la culpa es de quienes le votan.