Pero qué calladitos están estas últimas semanas los voceros de ese apocalipsis climático que está provocando, según ellos, el ser humano. Esos que nos decían lo del calentamiento global, la desertización galopante, que nos íbamos a morir de sed. Pero no nos equivoquemos, esos farsantes se están saliendo con la suya, pues solo un mínimo porcentaje del agua caída la han recogido nuestros cada vez menos embalses, porque estos auténticos “terroristas del clima” están consiguiendo demoler cada vez más y esa ingente cantidad de lluvia caída durante semanas se ha perdido en el mar en su mayor parte.
España desperdicia el agua de las lluvias por falta de infraestructuras y de un Plan Hidrológico Nacional, por ello, mientras el resto de España desembalsa agua, Andalucía y Murcia, resultan castigadas. Deberíamos recordar que el agua es un recurso de todos los españoles y no de los politiquillos de la taifa autonómica donde haya caído. No obstante, sin las infraestructuras adecuadas para recogerla y transportarla, no podemos aprovecharla. Este es el marco hidrológico que sufre hoy España. Ante la carencia de una Plan Nacional de Agua, embalses de un lado de la Península liberan agua, al mismo tiempo que otros no superan el 10% de su capacidad.
Los embalses españoles se encuentran a un 65,79% de su capacidad. Esto es, con casi 37.000 hm3 de agua. Sin embargo, no todas las regiones disponen de la misma salud. Si bien Navarra o la Comunidad de Madrid alcanzan un 88,91% y un 85,47% de agua embalsada de manera correspondiente, regiones como Andalucía (50,28%) o Murcia (33,11%) sufren graves carencias en muchos de sus embalses.
Llevamos décadas en las que nuestros gobernantes, ni han impulsado la construcción de nuevos embalses, ni han mantenido los que había, sino todo lo contrario, con la excusa “ecolojeta” de que el agua debe correr libremente por su cauce hasta el mar, apoyan y secundan la Agenda 2030 y otros paquetes ideológicos muy dañinos para los ciudadanos y ven en la escasez de agua un arma ideal para arrebatarnos nuestras libertades y cambiar nuestras costumbres.
Todo un cuento en función de los intereses de una minoría