El PP no ha apoyado la iniciativa de VOX en el Parlamento de Cataluña para prohibir el velo islámico en espacios públicos, una iniciativa que pretendía “garantizar la igualdad entre hombres y mujeres, y el respeto por las tradiciones, la cultura, la idiosincrasia y los valores propios de España”. Para VOX, la imposición del velo islámico es una clara amenaza para la libertad, para la pervivencia de nuestra identidad, nuestra cultura y el respeto a nuestro sistema jurídico y social.
VOX denuncia que una de las principales víctimas de la islamización que crece a pasos agigantados en numerosos municipios de nuestra nación son las mujeres y recuerda que prácticas como el uso forzoso del burka o el hiyab, los matrimonios forzosos o la mutilación genital femenina deberían ser prohibidos y combatidos por todas las administraciones competentes.
También se reclama que se declare que el velo islámico, así como cualquier otro atuendo o vestimenta islámica, atentan contra los derechos fundamentales de las mujeres y son incompatibles con nuestra identidad, cultura, usos, modos y costumbres.
La diputada de VOX en el Parlamento de Cataluña, Júlia Calvet, ha denunciado durante su intervención en el Pleno que “la islamización de Cataluña es una amenaza directa a nuestra libertad y a nuestro futuro como civilización” y ha exigido la prohibición del velo islámico en todos los espacios públicos porque es “un símbolo que representa a mujeres sometidas al hombre musulmán”.
Lo cierto es que, el hiyab, junto con otras formas de velo como el niqab o el burka, siguen siendo presentados por la izquierda como una elección personal y un símbolo de identidad cultural o religiosa. Sin embargo, esta narrativa ignora una realidad más profunda: estos elementos son, en su esencia, instrumentos de sometimiento masculino que perpetúan la subordinación de las mujeres en las sociedades donde se imponen. En España y en el conjunto de Occidente, donde los valores de igualdad y libertad deberían prevalecer, es imperativo prohibir su uso, especialmente en espacios públicos como escuelas y ámbitos laborales, para garantizar una sociedad verdaderamente equitativa y libre.
El velo es símbolo de opresión, no de libertad. La idea de que las mujeres musulmanas eligen libremente llevar el velo islámico es, en muchos casos, una ilusión. En las comunidades donde esta prenda es norma, las mujeres enfrentan presiones sociales, familiares y religiosas que limitan su capacidad de decisión.
En países donde el velo es obligatorio, las mujeres que se resisten se enfrentan a prisión, multas o incluso la muerte. En Occidente, aunque no exista una ley estatal que lo imponga, la coerción cultural sigue operando en muchas comunidades inmigrantes. Permitir el velo bajo el pretexto de la “libertad de elección” es ignorar estas dinámicas de poder y blanquear un símbolo que, históricamente, ha servido para controlar y someter a las mujeres.
La presencia del velo en las escuelas y el ámbito laboral va en contra de los principios de igualdad que deberían regir estos espacios. En las aulas, donde se forman las futuras generaciones, permitir que las niñas lleven velo mientras sus compañeros no enfrentan restricciones similares refuerza la idea de que las mujeres son inherentemente distintas y deben cumplir normas que los hombres no tienen. Esto no solo perpetúa la desigualdad desde la infancia, sino que contradice el objetivo de una educación libre y universal.
En el trabajo, el velo puede ser una barrera para la integración y la neutralidad profesional. Las empresas y servicios públicos deben reflejar un estándar de igualdad y secularidad, no convertirse en escaparates de creencias personales que, además, llevan consigo una carga de sumisión femenina. Prohibir el velo en estos contextos no es una restricción a la libertad religiosa, sino una medida para proteger la igualdad efectiva entre hombres y mujeres, evitando que las trabajadoras sean marcadas por un símbolo que las diferencia y, en muchos casos, las degrada.
La prohibición del velo no busca atacar a las personas, sino liberarlas de las cadenas de una tradición opresiva. Es un mensaje claro: en Occidente, las mujeres deben ser definidas por su talento y su libertad.
Vamos a votar a Vox
No es lo mismo velo que pañuelo que es lo que veo en mi barrio. El pañuelo solo cubre la cabeza.