Ricardo Costa, el otrora
todopoderoso secretario general del Partido Popular de Valencia, no lo ha
podido declarar con más claridad, “Sí, es cierto que el PP se financió con
dinero negro en las elecciones autonómicas de 2007”, de esa manera reconocía
que el PP valenciano se ha financiado con “dinero negro de empresarios”, esos
empresarios a los que la administración popular les adjudicaba contratos. Y
todas estas perlas las ha declarado Costa en el juicio de la rama valenciana de
la trama Gürtel.
Y es que Ricardo Costa,
viéndose acorralado, ha hablado, obligado por las circunstancias, “sin pelos en
la lengua”, ha tirado de la manta en toda regla, incluso ha llegado a admitir dinero
«opaco» para los actos con Rajoy en la plaza de toros.
También ha dicho Costa, que
no hizo nada para impedirlo, asegurando que el expresidente de la Comunidad
Valenciana Francisco Camps fue el responsable de contratar a la empresa Orange
Market, propiedad del cabecilla de la trama Gürtel, Francisco Correa. Curiosamente,
Camps no está siendo juzgado por estos hechos.
Tras conocerse estas
explosivas declaraciones, a Mariano Rajoy, el Manso de la Moncloa, lo único que
se le ha ocurrido decir ha sido, que ninguno de los que se sientan en el
banquillo pertenecen ya al Partido Popular, olvidando que el destinatario final
de ese dinero negro ha sido el partido que aún preside y sus máximos
dirigentes.
A los que nos extrañaba el
silencio del PP de Andalucía mientras se celebra el juicio de los ERE,
empezamos a entenderlo, debe haber un pacto de silencio entre ambas
organizaciones mafiosas, PP y PSOE.
No obstante, pese a mostrar
todo mi desprecio hacia eso en lo que ha convertido Rajoy al PP, debo de dejar
claro que hay una gran diferencia entre la mangancia de los populares en
Valencia y la de los socialistas en Andalucía, mientras el PP se financiaba con
dinero negro privado procedente de empresas beneficiadas con contratos, el PSOE
de Andalucía se financiaba con dinero procedente del saqueo de las arcas
públicas, dinero público. Y eso no es baladí.
Chorizos unos, chorizos
otros, y “paganinis” los de siempre, nosotros.
