Emiliano García Page,
presidente de Castilla-La Mancha, ha pasado en muy poco tiempo, de apoyar a
Susana Díaz, ser antisanchista y antipodemita, a propiciar el primer gobierno
autonómico de coalición entre el PSOE y Podemos.
A García Page se le ha visto
ese plumero que portan todos aquellos que pretenden vivir toda su vida de la
política, todos aquellos políticos profesionales cuya catadura moral les
permite pactar igualmente con “Juana que con su hermana”, porque lo único realmente
importante para ellos, es mantenerse en el poder y contentar al líder de turno.
Los que oímos lo que decía
García Page hace muy poco tiempo, durante las primarias a la secretaría general
del PSOE, nunca pensamos que pudiera tener “tanta jeta”, pues ahora dice y hace
todo lo contrario de lo que no hace mucho decía. García Page es un genuino
elemento de la “política puerca” que se practica en este país.
Aún recuerdo, cuando en mayo
de 2015, decía Pablo Iglesias “Podemos no entrará en ningún gobierno presidido
por un candidato del PSOE. Para llegar a acuerdos con nosotros deberá dar un
giro de 180º”. Iglesias creo que no ha faltado a su palabra, este PSOE, desde
que lo dirige Pedro Sánchez, se ha radicalizado tanto que sí ha dado ese giro
de 180º que exigía el líder podemita.
¿Y ahora qué? Pues
Castilla-La Mancha se convierte en un laboratorio donde se va a hacer un
simulacro de lo que ambas formaciones tienen previsto para España, los
castellano-manchegos serán sus primeras víctimas y conocerán de cerca lo que es
ser gobernados por un gobierno que ya podemos denominar como de
extrema-izquierda, pues en cuanto empecemos a conocer sus decisiones, esto que
digo, se corroborará.
Coincidiendo con la entrada
de Podemos en el gobierno autonómico, se ha producido una gran polémica en el
mundo sindical de la región, ya que se ha modificado una ley regional para
premiar a los funcionarios políticos, para premiar a los parásitos, calificado
por los sindicatos como “atropello y desvergüenza política”, modificaciones que
conculca claramente los principios fundamentales de la función pública. Se
califican los cambios realizados de inmorales, impresentables e inquietantes,
porque van en contra de los principios de igualdad, mérito y capacidad, y
genera un gravoso colectivo de “ex altos cargos” que conllevan un coste
inasumible para la administración regional.
Es lo de siempre, gobiernan
para ellos, y eso que dicen que son de izquierdas. Cada vez creo menos en eso
de ser de derechas o de izquierdas, para mí los políticos se dividen solo en
dos categorías honrados y golfos, y desgraciadamente, el grupo de los segundos
parece bastante más numeroso.
