La plaza fue el Congreso de
los Diputados, la festividad fue la nueva prórroga del Estado de Alarma, la
ganadería fue la del Frente Popular, y la terna de supuestos matadores estuvo
compuesta por los líderes de los hasta ahora tres partidos constitucionalistas,
Casado, Abascal y Arrimadas.
Sánchez sigue utilizando la
excepcionalidad que confiere a su Gobierno el Estado de Alarma como herramienta
para una clara regresión democrática, España está involucionando hacia un
populismo nefasto con modos autoritarios y apariencia dictatorial. Sánchez
aprovecha la situación para imponer un adoctrinamiento masivo y una merma de
libertades mientras posiblemente su nefasta gestión haya provocado ya más de
40.000 muertos.
Pero vayamos a las faenas
protagonizadas por los tres maestros. Pablo Casado, tras dar un buen discurso
se niega a matar al morlaco y sale corriendo hacia la enfermería, entiendo que
para pedir un ansiolítico que le aminorara los síntomas de su cobardía, se
abstuvo; Santiago Abascal, en su línea, ni sorprendió a nadie, ni defraudó a
nadie, mató al bicho de una gran estocada, y votó que no; y la que falta, Inés
Arrimadas, lideresa de un partido agonizante, que tras un buen discurso, no
solo se negó a matar el toro, es que se abrazó a él y le dio un sí a Sánchez.
Alucinante, un partido que se suponía liberal apoya al que restringe las
libertades, un partido otrora constitucionalista, se pone al servicio de
quienes pretenden tumbar la Constitución. No es de extrañar la fuga continua y
masiva de los principales referentes de su partido, los últimos, Girauta y
Corina.
Arrimadas solo pretende
salvarse a ella misma con la complicidad de unos cuantos amiguetes, los Aguado
o Marín, Inés se ha puesto al servicio de Sánchez, y como consecuencia, la
estabilidad política de Madrid, Andalucía y otras CCAA quedan al albur de esta
oportunista.
