Con todos los problemas que
tiene este país, los informativos de muchos medios de comunicación le dedicaron
ayer mucho tiempo al esperpento podemita del día, y me refiero, a lo sucedido
en el comedor del Senado, y protagonizado por Ramón Espinar, ese ya conocido
listillo al que se le descubrió que le habían concedido un piso de protección
pública sin corresponderle, sin reunir los requisitos necesarios, y que con
posterioridad se le permitió especular con él. Vamos, todo un ejemplo de esa
nueva política que dice representar Podemos.
Podemos ha manifestado su
apoyo a las reivindicaciones de los trabajadores de Coca Cola, e incluso ha
participado con ellos en algunas de sus movilizaciones, por ello, solicitó por
escrito, “que se retire de todos los espacios públicos y privados, en
particular de la institución del Senado, todos los productos comercializados
por Coca Cola, se prive de su publicidad, y no se le permita utilizar eventos
de autorización institucional mientras siga sin cumplir con las sentencias, y
los trabajadores tengan un futuro real en Fuenlabrada”.
Pues bien, Ramón Espinar,
fue pillado “in fraganti” en el comedor del Senado en el momento en que
transportaba su bandeja en la que había un plato de judías verdes, otro de
albóndigas, pan, fruta, y atención, dos botellas de Coca Cola. Estos tíos
tienen “un morro que se lo pisan”, cubren el expediente presentando el escrito
en el Registro del Senado para quedar bien ante los trabajadores de Coca Cola,
entiendo que intentando pillar votos, pero luego, con toda la desfachatez del
mundo, siguen consumiendo la bebida que teóricamente boicotean. Y como lo hacen
ellos, pues no pasará nada. A ellos nadie les pide dimisiones.
Me gustaría que alguien me
explicara en que se diferencian estos, de los de siempre, las virtudes está
claro que no las han copiado, eso sí, los defectos, todos y aumentados.
