El pueblo colombiano ha
sido víctima de un auténtico bombardeo propagandístico, por tierra, mar y aire,
dentro y fuera de sus fronteras, que les quería imponer un Acuerdo llamado de
Paz con los narcoterroristas de las FARC. El problema residía, en que los
promotores de esta ignominia no tuvieron en cuenta, que el pueblo colombiano
sabe diferenciar perfectamente entre el bien y el mal.
La aprobación de ese
acuerdo hubiera supuesto, que 250.000 asesinatos, 100.000 secuestros, violaciones
y otros muchos delitos, les hubieran salido gratis a quienes los perpetraron,
el valeroso pueblo colombiano ha podido impedirlo, pues hay cosas que no se
pueden olvidar aunque algunos políticos parecen hacerlo.
Llamarle a este acuerdo “de
paz” es en su denominación un insulto, pues eran por una parte, terroristas de
las FARC que utilizaban la violencia en todas sus formas, y por otra, un pueblo
que las sufría. Aquí no había dos contendientes, aquí solo habían verdugos y
víctimas.
El cese de la violencia
jamás se construye desde una justicia con atajos, y por supuesto, nunca debe
premiarse dejar de matar. Por mucho que los promotores quieran hacer creer que
quienes se oponen a una paz vergonzante, en realidad quieren la “guerra”, no
llevan razón.
Muchos estadistas mundiales
han estado presentes en la firma del acuerdo previo al referéndum, algo que
dice muy poco de su catadura moral, aunque reconozco que el apoyo que más me ha
dolido ha sido la del cantamañanas que habita el Vaticano, y no hablo más de él
por si me excomulgan.
Suele pasar, el pueblo
llano suele tener un sentido de la justicia muy superior al de quienes lo
representan, y de esto en España sabemos mucho.
