Para interpretar lo que
está sucediendo en Podemos, esa guerra fratricida entre Pablo Iglesias e Iñigo
Errejón, lo primero que tenemos que hacer, es ponernos de acuerdo en porqué
surgió Podemos y qué es Podemos.
Podemos surgió como
consecuencia de la crisis y la falta de ejemplaridad de los partidos
tradicionales, y aglutinó a gran parte de quienes formaron parte del 15-M, un
movimiento que consideraba que los hasta ese momento considerados partidos de
izquierdas, PSOE e IU, estaban claramente asimilados a los vicios del sistema.
Si bien Podemos aparece en
su momento como una organización antisistema, al poco tiempo se ha convertido
en la tercera fuerza política del país con 71 escaños y cinco millones de votos,
por ello, se encuentra ante una disyuntiva muy importante para su futuro,
decidir que su espacio político se debe ceñir a la acción política en las
instituciones, o bien, volver a sus orígenes, a la agitación callejera.
Pablo Iglesias parece
haberse quedado estancado en la lucha de clases y en las rancias consignas de
la doctrina comunista, su partido ideal acogería una estructura orgánica de
clara orientación leninista, orientada a alcanzar el poder y a laminar al que
disiente; mientras que Iñigo Errejón, apuesta por conformar una organización
política transversal y populista que pueda llegar a ser partido de gobierno.
Que la izquierda española
está dividida es un hecho, y que para este país, cualquiera de las dos formulas
que defienden los líderes de Podemos serían letales, es otro.
La polémica gestión de los
grandes ayuntamientos que gestionan, se ha convertido en una losa que está
lastrando sobremanera al partido. Para muchos, ha quedado muy claro, que ese
enchufismo y falta de transparencia que tanto criticaban en el comportamiento
de los viejos partidos, ya hasta lo superan los podemitas.
