Ayer llegaron a un acuerdo,
el Partido Popular y Ciudadanos, un acuerdo que ni mucho menos le garantiza a
Mariano Rajoy la investidura. Cuando España vive momentos de incertidumbre
política, es reconfortante ver como al menos estos dos partidos dan muestras de
sentido común y de patriotismo. Rajoy ha aceptado la exigencia de Rivera y se
someterá a la investidura el 30 de agosto.
Que la derecha y el centro
derecha se instalen en la actitud de la colaboración estable es una buena noticia,
y más, si las izquierdas solo coinciden en la idea destructiva de su aversión
al PP.
Este PSOE, bajo el
liderazgo destructivo de Pedro Sánchez, se ha convertido en un gran problema
nacional, y sus tentaciones pactistas con radicales e independentistas, en una
pesadilla para la mayoría de los españoles. Pedro Sánchez ha roto en dos
ocasiones el suelo electoral de su partido y lo ha sumido en la más absoluta
desorientación histórica. El resentido inteligente y perverso que fue ZP, lo
dejó mal, pero este resentido tonto, le va a dar la puntilla.
Ahora pido que seamos
capaces de navegar por el mar de la objetividad y nos metamos en el pellejo de
los socialistas. Todos dan por hecho, que en la primera sesión de investidura
el PSOE votará NO, aunque en la segunda podría ocurrir otra cosa, incluso se
dice que algunos diputados podrían indisponerse y no asistir para propiciar el
desatasco de la situación.
Entiendo que la situación a
la que ha llevado Pedro Sánchez a su partido es endiablada. Si se empecinan en
el NO y nos llevan a unas terceras elecciones, la ciudadanía se lo hará pagar. Si
deciden abstenerse en la segunda votación de investidura, eso sería
incompatible con liderar la oposición, que le arrebataría Unidos Podemos. Y por
supuesto, si se indispusieran unos cuantos diputados socialistas, sería lo de
antes y se convertirían en el hazmereír de la política española. En todos estos
casos el PSOE se haría el harakiri.
La única solución para
salir airoso el PSOE, a estas alturas, sería la de rectificar y formar parte de
un gobierno constitucionalista con el Partido Popular y Ciudadanos, que hiciera
las grandes reformas que necesita nuestra democracia y que sus éxitos se los
apuntaran en su haber los tres partidos. En todos los demás supuestos, el PSOE
acaba abrasado.
