Con un presidente del
Gobierno que, ha cambiado unilateralmente las condiciones del Estado de Alarma
para hacerlo al gusto de lo que le exigían sus socios comunistas y separatistas;
traslada a los líderes de la oposición, información errónea o directamente
manipulada; parece seguir empeñado en amenazar la salud, la vida y el bienestar
económico de los españoles y lo hace, tratando de silenciar y demonizar a la
oposición, silenciando al Congreso y comprando a los medios de comunicación; mantiene
en sus puestos a personas que han demostrado su negligencia absoluta en la
gestión de la crisis, responsables de casi 12.000 muertos; se niega a
rectificar y sigue dando poder a un vicepresidente solo empeñado en debilitar
las instituciones como la Monarquía, el Congreso y derechos tan fundamentales
como la sagrada libertad de expresión; en
vez de detener y poner a disposición judicial a los separatistas, sigue
teniéndolos como aliados pese a que han boicoteado la presencia del Ejército en
Cataluña poniendo en peligro la vida de miles de personas; ni se puede
dialogar, ni se le puede apoyar en absolutamente nada.
Por todo ello, que ahora
Sánchez exija el apoyo de quienes desprecia, con el anzuelo de pretender
reeditar una especie de “Pactos de La Moncloa” es puro cinismo, otra operación
de marketing político, por ello, ni el Partido Popular ni Vox, tendrían que
darle ni agua hasta que no reabra el Parlamento y rompa con sus socios,
comunistas y separatistas, esos que quieren lo peor para España. Pero si acaba
de permitir que llegue al Senado una iniciativa parlamentaria firmada por sus
socios y por EH Bildu solicitando despenalizar las injurias al Rey y los
ultrajes a España, de qué va.
Santiago Abascal, ya ha
manifestado que no tiene nada que hablar con Sánchez si se mantienen las
actuales circunstancias, en cambio, Pablo Casado, parece dispuesto a dialogar,
olvidando que de seguro será engañado y que, si apoya a Sánchez en algo, será
corresponsable por omisión de los destrozos que provoque tal medida.
