La alcaldesa de Barcelona,
Ada Colau, está convirtiendo Barcelona en una ciudad cada vez más peligrosa.
La decisión, tomada por
Colau, de disolver la Unidad Antidisturbios de la Guardia Urbana, para
satisfacer a la CUP, y que esta formación se abstenga para poder aprobar los
presupuestos municipales de la Ciudad Condal, es lamentable, y priva a Barcelona
de una unidad muy necesaria, diseñada por Pasqual Maragall.
La Guardia Urbana
barcelonesa ya no podrá actuar cuando se produzcan alteraciones del orden
público, ni participará en desalojos violentos, ni en las algaradas y protestas
de esa izquierda radical de la que forman parte las CUP. Ahora, todo el peso de
esas actuaciones recaerán en los Mossos d´Esquadra.
Las relaciones entre el
equipo de gobierno de la ciudad y la Guardia Urbana nunca han sido buenas. La
desautorización constante de los guardias en el conflicto con los manteros
(vendedores ambulantes de mercancía falsificada) es sólo una muestra de que
Colau y sus concejales siempre han estado del lado de quienes incumplen la ley.
El edil de las CUP, Josep
Garganté, se venga así de la Guardia Urbana, a quien acusa de haber grabado el
vídeo en el que se le veía presionando a un médico para que cambiara el parte
de un mantero lesionado a fin de acusar a los policías de lo que había sido una
caída accidental. Por muy concejal que sea, este desalmado es un auténtico
sinvergüenza.
Ada Colau, también deja a
todas las playas de su ciudad sin socorristas y advierte de que ante una
emergencia hay que llamar al 112, algo que suena a coña, pues es evidente que
nunca llegarán a tiempo de salvar la vida de quien necesita ser socorrido.
No hace falta decir, que en
cuanto empiecen a fallecer bañistas, las denuncias contra el ayuntamiento se
van a suceder, y los barceloneses pagarán con sus impuestos las indemnizaciones
fruto de tener como alcaldesa a semejante impresentable.

Muy buen escrito
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